martes, agosto 24, 2010

Mentiras a medida


Lo que estaba sucediendo escapaba a su comprensión de lo racional. Se encontraba de pie en lo que parecía en una acera. Se encontraba estando en lo que parecía una avenida. Contemplaba un gran monumento, o eso parecía. Había sentido admiración por aquel cielo azul que ya no parecía real en ese preciso instante. Se daba la vuelta constantemente de un lado a otro, como si tratara de averiguar la verdad de lo que estaba sucediendo, pero no veía nada. No habían palabras lo suficientemente reales para describir aquella irrealidad. Aquella CORRUPCIÓN de la realidad. Aquello que hasta hacía segundos, tan solo segundos, era real. Todo lo que lo rodeaba se estaba deshaciendo, literalmente. Su realidad, su mundo, su conocimiento de las cosas tal y como las percibía, parecía que se iban al garete, como si desde un primer momento todo aquello ya perteneciera a un limbo, como una casa de muñecas, como una maqueta... Ahora, todo aquello parecía una pizza metida en el horno a 210ºC. Y, pese a no creerlo... No, mejor aún, pese a NO QUERER creerlo, el mundo se deshacía, riéndose de él. Sus ojos estaban abiertos de par en par, su cuerpo estaba agarrotado, paralizado ante aquel cruel y burlesco espectáculo que ponía a prueba el límite de su cordura. Sus pensamientos buenos y malos dejaron de tener sentido, ya no tenía sentido NADA en lo que había creido y en lo que le habían enseñado a creer... Sentía mucho miedo, y soledad, su cabeza temblaba, sus pensamientos se derretían a la misma velocidad que aquella avenida, que aquella maqueta llamada realidad por capricho humano que parecía parte de un pastel gigante de alguien que lo estaba pasando en grande. El tiempo ya no existía, el espacio era absurdo, la profundidad, la velocidad, todo aquello que puede formar las más de 3 dimensiones conocidas por los humanos, se reía de los creadores de tales conceptos y leyes, de él, de todos. Todo era un absurdo gigante. No estaba dispuesto a aceptar que todos sus conocimientos, todo lo que él quería, aspiraciones, etcéteca... En definitiva, su realidad, se fundiera del mismo modo. En aquel momento su novia lo sacudió en el tren, de camino a la universidad, y salió de su ensimismamiento. La chica le dijo, entre divertida y preocupada:

- Pero dónde estabas? Qué tenía ese edificio de ahí delante tan interesante que no paras de mirarlo? Mirame a mi, hombre!

Le dió un beso muy cálido, muy real, muy apasionado, que lo devolvió de vuelta a su cálida rutina. Sintió como si resucitara, como si hubiera estado sumido en un profundo letargo durante centenares de años... La chica seguía besándole y jugando con él mientras éste intentaba concienciarse y recuperarse del flash que había tenido, procurando distinguir entre ficción/realidad.

- Oye, después de la uni vamos a tu casa... Jeje, ya sabes, podríamos hacer ''algo''... - Dijo la chica sonriendo picaronamente

- Claro...


El confuso chico sintió un profundo alivio, a la par que un miedo comprensible para él. Tuvo una iluminación en aquel sueño que debió durar segundos: La realidad era frágil. Las cosas podían cambiar en cualquier momento, sus creencias eran tan solo provisionales, sus sueños, cambiantes, pero, en cambio, sus miedos eran siempre iguales, como si una persona le hubiera intriducido esos conceptos en su mente para que él se aferrara... Pero se dijo a sí mismo que valía la pena vivir en algo tan frágil y que tenía muchos números de ser una gran mentira, pero decidió que prefería vivir engañado, en caso de que la vida le estuviera mintiendo,












él estaba a gusto viviendo en SU mentira...






Y quién no?

5 comentarios:

Ál dijo...

Yo no cambiaría mi mentira por nada, y vosotros?

Elizabeth dijo...

Depende de lo lejos que llegue esa mentira.
Cuando acabas creyendote tus propias mentiras hasta el punto que te conviertes en otra persona diferente, ya no hay vuelta atras.
Si llegas a cuestionarte si cambiarias tu mentira, ¿no crees que es porque hay algo que no encaja tan bien como parece?

Xumiichurry dijo...

Si cada uno viviese en su propia mentira no habría un lugar donde poder convivir con el resto. Nuestras mentiras están bien para evadirnos, para ayudarnos a seguir adelante. Pero hay que ser consciente de ello, que es una realidad paralela frágil, que no es real, que no nos podemos entregar a ella al completo porque cualquier día puede desaparecer sin dejarnos nada a lo que agarrarnos y desaparecer nosotros con ella. No debemos abandonar nuestras mentiras, ideales o renunciar a nuestra imaginación pero tampoco nos debemos olvidar que no somos más que peones de ajedrez en esta realidad y que si no eres consciente de ello... estás derritiéndote al igual que esa avenida y sus tres dimensiones.

Ál dijo...

''Si cada uno viviese en su propia mentira no habría un lugar donde poder convivir con el resto''

Todos tenemos nuestra própia mentira, pero los humanos, conscientes de ello o no, se interrelacionan por proximidad, necesidad ( necesidad de que te comprendan, que te escuchen, que opinen, que te apoyen...) etc... Por lo tanto, se podría decir que, pese a tener todos una, compartimos nuestras mentiras... Como los cromos cuando somos pequeños, nos los cambiamos esperando encontrar uno mejor y damos los que tenemos repetidos... XDDDD

Xumiichurry dijo...

Jajajaajajaja! Con esa metáfora convences a cualquiera xD No me refería a que sería imposible convivir con el resto sino que cada uno tendría su propio lugar, su propia mentira, su propio cromo si quieres llamarlo así... peeeero, sí, con esa teoría de los cromos repetidos acabas de desmontar todo mi planteamiento U_U