viernes, agosto 20, 2010

El otro lado.


Los chicos del solar estaban jugando a fútbol tranquilamente. Reían, se daban palmadas en la espalda a cada gol, y se decían unos a otros casi gritando: Pásamela, pásamela! Cada día después del colegio iban y jugaban entre ellos hasta que se les hacía de noche. El partido estaba en un punto muy interesante cuando apareció aquel chico raro de su clase. Sí, aquel que en ocasiones recurría a la violéncia para conseguir alguna cosa. En ese momento, muchos de los niños dejaron de jugar y se lo quedaron mirando, a la expectativa, temerosos de cual iba a ser su acción. No había ni entrado en el solar, tan solo los observaba. Iba mal vestido, era más o menos alto para tener 11 años. Tenía el pelo castaño y despeinado. Era moreno de piel. Y siempre esos ojos, unos ojos que rebosaban algo que a los chicos de su edad se les escapaba. Eran de un azul muy brillante, con un fulgor intenso destinado a no apagarse jamás. Los chicos le tenían mucho miedo, muchas veces se metía en peleas por cosas estúpidas y no parecía tener el menor remordimiento. No tenía amigos, tan solo conocidos sugestionados por el terrible miedo que les influía. Pero no sabían que el chico miraba con tristeza. Miraba a los chicos jugando a fútbol cada día sin que se dieran cuenta. Les miraba muy triste porqué nunca le invitaban, ya desde que tenían 7 años. Les miraba con una tristeza soñadora, ansiando estar algún día entre ellos. Pero por encima de todo, el jóven sabía que no les gustaba, sabía que lo tenían como a un bicho raro y que no querían tenerle cerca. Eso le causaba enfado y lo cegaba de rabia. Mientras los estaba observanndo jugar a fútbol y algunos le miraban sintió uno de estos ataque y les gritó: QUÉ MIRAIS EH?! Y se fue andando por las calles a solas, con la mente llena de pensamientos, la mayoría malos. Andaba mirando la acera y pensando muy asustado que era la hora de volver a casa, su ''hogar'', su único refugio. Intentaba ir más lento, hacer pasos más cortos y mover más lento las piernas, pero sabía que no tenía a ningún sitio más que ir. Al cabo de unos 5 minutos ya estaba debajo del portal de su casa. No llevaba llaves, así que picó. Al cabo de unos segundos le recibió una voz furiosa a gritos:

- QUIÉN COÑO ES?!

- Yo papá...

Se oyó el pitido del interfono y pasó dentro. Subió las escaleras con el corazón latiéndole rapidísimo. No quería entrar, pero tampoco podía irse. Empezó a resoplar. La vista se le nubló y las entrañas se le encogieron en un puño al ver la puerta abierta. Entró muy lentamente en su casa, y escuchó lo de siempre: Música puesta, su madre llorando tirada al lado del sofá del comedor con moratones en la cara, y un padre borracho a las seis y media de la tarde que pegaba como práctica habitual a su pareja.


- Ya estoy aquí...

- NIÑO, DÓNDE COÑO TE HABÍAS METIDO? TE CREES QUE ESTAS SON HORAS DE LLEGAR? QUÉ ESTABAS HACIENDO?

- Daba una vuelta...

- QUE COÑO TIENE LA CALLE QUE TE GUSTA TANTO? ES QUE NO TE GUSTA TU CASA?


Esta pregunta le impactó sumamente. Respondió a su padre poco a poco, con la voz temblorosa:

- N-No, c-claro que no, perdona papá...


Poco a poco, cruzó el comedor donde estaba su madre llorando desconsoladamente y pasó de largo la habitación de sus padres, donde su padre estaba tirado, borracho como casi siempre. Andó muy lento, intentando aguantar todo lo que el corazón le pedía que hiciera. Llego hasta la puerta de su habitación, y giró el pomo poco a poco. Entró y cerró el pestillo. Se sento en la cama con las manos alrededor de la cara y rompió a llorar, como todos los días...















Los niños de su clase jamás sabrían el porqué de sus acciones, jamás sabrían el porqué de aquellas miradas que escondían tanto, y que tenían tanto que ofrecer y que a ellos se les escapaban. Ellos sólo veían a la escória que era el niño: Un gamberro sin oficio ni beneficio, juzgado siempre en vista de la apariéncia que ofrecía... Al fin y al cabo, quién apuesta por ser amigo de una persona no aceptada entre los niños de la clase y que está tan determinado por su apariéncia?

5 comentarios:

Xumiichurry dijo...

Suele ocurrir. La gente más débil es la que tiene que tener apariencia de más fuerte. Debe ser un mecanismo de defensa de esos que no hay quien entienda pero antes de derrumbarnos nos da por ser bloques de hormigón y... es difícil llegar al interior de un bloque así.

Ál dijo...

Es cierto, pero es que a caso muchos de nosotros se esfuerzan por ello? Hay veces que es necesário apostar por la gente que incluso en un principio no parece que valga la pena. Lo cierto es que mi mejor amigo era así antes, pero hice bien en apostar por él.

DonLimpio dijo...

Todos tenemos nuestras historias... nuestros dolores, soledades, momentos de felicidad y debilidad. Puedo estar orgulloso de haberlos compartido con personas cómo vosotros dos, mis amigos. Espero que por muchos años que pasen no se olviden días cómo ayer (por decir uno) jaja sumergidos los tres en humo de cachimbas y ambiente filosófico.

-¿Por qué brindamos?
-Brindamos por lo que es y pudo no ser, brindamos por la amistad.

Ál dijo...

Cachimbas como las de ayer = ambiente porrosófico.

Elizabeth dijo...

Hay bloques de hormigón muy, pero que muy interesantes...
Yo no me arrepiento de haber apostado por uno de ellos, es mas, me arrepentiria si no siguiera intentando conocerlo cada dia un poco más.