jueves, julio 29, 2010

Buena voluntad


Él no entendía porqué estaba atado a esas cadenas, y sometido a las preguntas del Inquisidor... Creía que la inquisición había pasado de moda muchos años atrás, pero las circunstáncias doblaban por la mitad su teoria... Se encontraba sufriendo un terrible dolor, y sangrando desde las manos hasta los mismos tobillos, con distintos tajos decorando su castigado cuerpo. El inquisidor andaba en círculos a su alrededor, viendo como se flagelaba y se retorcía. La estáncia era pequeña, oscura, iluminada tan solo por una triste lámpara de aceite y un par de antorchas, las cuales servían para más cosas que para iluminar, tal y como probaba el cuerpo destrozado del inocente y confuso señor Willson. Los métodos de tortura de la cambra eran muy rudimentarios, pero fuera de toda cuestión, eran efectivos. El preso cerraba los ojos y los volvía a abrir, cada vez más exhausto, viendo tan solo la pared que tenía delante. Sabía que no saldría de ahí, así que intentó hacer memória para recordar cual era el motivo de su castigo, sin encontrar en su cabeza nada concluyente. Le resultaba muy peculiar que en el año 1689 una institución como la Inquisición y sus métodos de tortura existieran. Los minutos transcurrían, y, por cada minuto, el preso perdía más sangre y estaba más cerca de desmayarse. El inquisidor estaba irritado, se detuvo en seco delante del preso de nuevo, y le golpeó dos veces en la cara, provocándole cierta hinchazón de labios y haciendo que sangrara pronunciadamente. Acto seguido sentenció una despiadada oración, gritándole:

- Señor Willson, lleva aquí un total de 17 horas bajo tortura por un crimen inconfesable. Esto está a punto de llegar a su fin, su vida significa un carajo y la va a perder. Lo mejor de todo es que aún no me ha confesado el porqué de sus acciones.

El chico estaba abatido y no entendía absolutamente nada... ¿Que había podido hacer? Estaba muy cansado y le dolía todo el cuerpo. Empezó a sollozar, lamentando su situación.

- I... I don't now anything... Please kill me... I beg of you...

- Maldito gilipollas! Me está entendiendo perfectamente, hable mi puto idioma, hereje de mierda! Que hace un puto inglés hablado en inglés aquí? No sabe usted que los ingleses los carga el diablo? La única fe que vale es la cristiana, a que coño viene diciendo que es usted puritano? Que mierda de idioma hablan allí? Está usted tildado de hereje, y el precio correspondiente es la muerte! Conviértase, abrace nuestra fe, y absolva sus pecados por hablar la lengua del diablo y practicar una religión satánica que permite una sandez como la del divorcio!

Sin más, el prisionero esbozó una sonrisa muy forzada, y su cuerpo dejó de estar tenso, su cabeza cayo como un peso muerto hasta la altura de sus hombros. Las cadenas agradecieron aliviadas que el preso dejara de hacer fuerza, y el cardenal que intentaba convertirlo a la fe más pura estalló en un arrebato de rabia:

- Me cago en la puta! Que coño...? Es que nadie entiende que la única salvación posible para el alma es el cristianismo? Porque la bondadosa iglésia cristiana pierde el tiempo con estos herejes? Malditos cerdos...!

Cegado de ira, desenvainó una espada y cortó la cabeza al cuerpo muerto del prisionero. Acto seguido, el inofensivo inquisidor redactó su informe, dejó el pedazo de pergamino y abandonó la estáncia. La única prueba de esa atrozidad basada en la buena voluntad fueron el informe, abandonado sobre una pequeña mesa, la espada manchada de sangre, y las luces, que emitían sus ténues llamas. El portador de buenas intenciones que acababa de matar un hombre inofensivo prosiguió por los laberínticos pasillos del sótano de la catedral y se dirigió a su próxima sala de interrogatório, donde los gritos y la sangre no se hicieron esperar, acompañados siempre de palabras como ''Fieles, fe, castigo, herejía, bondad cristiana, y el sendero del señor''

3 comentarios:

Ál dijo...

guardemos tantos años de silencio como herejes han asesinados en base a una buena voluntad

Paramédico dijo...

Cada vez creo menos en el cristianismo. Aunque no es lo mismo un inquisidor cristiano de la Edad Media que el cura de un pueblecito, o un misionero cristiano que se va a África a ayudar a los más necesitados.

Comparto contigo ciertos pensamientos.

Un abrazo

Ál dijo...

Bien, ya no estoy solo! XD