miércoles, enero 19, 2011

Sangrar tiene su peso en tinta.


Parece que la creatividad de uno roza la cima cuando se ve fuertemente chocado por un sentimiento que le ha causado un impacto profundo... Parece que hay sentimientos más poderosos que otros, parece que cuanto mayor es el peso de éste en el pensamiento de uno, mayor fuerza tiene sobre el papel. Furia, rabia, dolor, tristeza, desconcierto... En el peor de los casos, una mezcla de todos ellos. La cabeza empieza a girar, y a girar, y a girar, y no se detiene... Buscamos ansiosos la cura para frenar el dolor al veneno que nos corroe, queremos chillar, expulsar esa parte pútrida y corrupta de nosotros, echarla y que JAMÁS vuelva. Llorar, rabiosos, y prometernos con los ojos totalmente inundados y nuestro ser sangrando el dolor a través de lágrimas, mientras nuestros ojos se van tiñiendo cada vez de un rojo más intenso, un próspero cambio que supuestamente llevaremos a cabo... Tener la mirada perdida entre las arrugas de la cama y con la vista desenfocada sobre la almohada, escrutar cada pensamiento en busca de un por qué coherente que posiblemente quede suspendido en el aire. Desarrollar cierto sentido de supervivéncia basando toda creencia acerca del dolor en olvidar, evitar, o enterrar, llegando al punto que, con un poco de suerte, uno ha evitado tanto un problema que finalmente ha conseguido librarse de él. Tomar en serio dicha promesa de cambio y enterrar, por que, sobretodo: La clave está en enterrar, en fingir que el problema no está ahí... Y, por lo más sagrado que cada uno tenga, rezad a quien sea o a lo que sea con tal de que vuestra raíz, vuestra aflicción, vuestra causa original de tan terrible desconcierto jamás vuelva, por que es en ese momento cuando todo lo que pudiéramos enterrar sale a flote y empieza a revolotear a nuestro alrededor, recordándonos que alejar un incendio con viento JAMÁS funcionó ni lo va a hacer. Enterrad, enterremos, sigamos siendo pretensiosos, gozosos de mentirnos a nosotros mismos a cambio de una paz momentánea esbozada en forma de una idea para obtener una cura que aparte todo el dolor de nosotros mismos, y que de paso nos ofrezca la garantía de desarrollar anticuerpos con los que pelear contra todo aquello que causa dolor, tristeza, y rabia. Mirad al horizonte esperanzados, permaneced observando todo cuanto gustéis, y procurad que sea largo, por que cuando os deis la vuelta, es posible que os reencontréis con vosotros mismos a modo de rutina. Pero no pasa nada, siempre nos quedará el consuelo de poder volver a caer en el mismo error y podernos volver a tomar la libertad de hacer un borrón y cuenta nueva a base de cavar un agujero cada vez más hondo...

Autómatas, mis dedos han redactado todo esto con una convicción férrea que se puede describir, pero no entender al 100% a menos que nos encontramos metidos de pies a cabeza en la misma situación... Hay que dar por supuesto pues que para hablar de tales sentimientos hay que estar en posesión de un sentimiento de inspiración basado en el dolor, y que por lo tanto esto no es más que escupir un reflejo negativo de lo que sentimos en ese momento sobre el papel? Quizás como en tantas ocasiones al escribir la inspiración es capaz de sacar tanto lo más positivo como lo más inesperado, oscuro, y turbio de cada uno, enfrentándonos a nosotros mismos cada vez que leemos lo redactado, sabiendo que las palabras duelen, que se clavan, que hieren... Y que nos hacen sangrar como nada puede hacerlo, por que están directamente relacionadas con el ánimo del momento y los sentimientos correspondientes a dicha situación.


Cruda realidad, jamás tendríamos que dejar de observar el horizonte. Fingiré no conocer las respuestas a tantas preguntas, y en lugar de ello, enterraré y me tomaré por la mano la soberbia de la pretensión una vez más, pintando en la máscara que llevo ( como muchos otros que también la llevan) frente a la sociedad una bonita sonrisa que satisfazca a cualquiera que se conforme con observar únicamente la sonrisa pintada, sin tomarse la moléstia de preguntarse si debajo de la máscara hay algo más que cerámica.

2 comentarios:

Anna dijo...

No estic gens a favor que et pintis la cara. No crec que et pegui pintar-te una ridícula màscara com la resta de mortals. No tot es riure, hi ha mil sentiments, emocions, que no has de privar a la resta del món de que les conegui! Si hi ha una societat de ceràmica que no vol mostrar-se tal qual és deixa-la. De que et serveix pintar-te la felicitat a la cara si en realitat ets un infeliç? En fi.

C.L.C. dijo...

A pesar de que es de sabios callar y escuchar... llevar una máscara puesta únicamente es un modo de supervivencia, no un modo de vida.
Cuando menos te lo esperes puede que debas sacártela y, quien sabe, tal vez una sonrisa verdadera pesará más que la falsa.

Bienvenido al blog, pásate cuando te apetezca.