viernes, diciembre 31, 2010

La raedilad spurea la fcicón


Sgeun un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el
odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que
la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El
rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso
es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio que la paalbra es un tdoo.



Hasta qué punto os hace pensar este texto acerca de lo inútiles, complicadas, y retorcidas que pueden llegar a ser las formalidades? Ya sea escribir o ''lo políticamente correcto''... Parece que vivimos en un mundo de apariencias y espejismos, donde todo parece pero no es, o almenos no del todo. Sólo una cosa más que añadir:


La raedilad spurea la fcicón

jueves, diciembre 09, 2010

Sólo son tan buenos como el mundo se lo permite.


Sin duda era una noche oscura, de esas en las que uno no quiere salir, una de esas en las que uno prefiere taparse con la manta hasta arriba, una de esas en las que crees oir sonidos que no están sonando, una de esas en las que el viento es capaz de sacar tus miedos más profundos para exponerlos a una oscuridad alumbrada únicamente por una Luna suspendida en el cielo, cubierto por nubes negras, que impiden ver las estrellas... Una noche de escalofrio en las que, tapado e intentando sentirte seguro de todo eso, cierras fuerte los ojos, esperando con ansia dormir antes de que puedas darte cuenta y ansiando que llegue el mañana y te salve de todo. Una noche para olvidar.... Aunque no para todos. No era hora de salir a la ciudad, pero menos aún era hora de salir a la iglésia donde estaba el cementerio, que estaba unos kilómetros más arriba de la ciudad, en una pequeña colina a la cual se podía llegar por un pequeño sendero. Dos figuras se encontraban sobre el tejado de la iglésia, una sentada en el tejado y la otra apoyada con una mano en la torre del campanario y la otra mano en la cintura, con los pies cruzados. Sus sombras se mostraban igual de oscuras que la noche, enfatizadas por la ténue luz de la nublada y solitaria Luna, sin compañía de sus habituales estrellas. Contemplaban la noche con una tranquilidad sobrenatural para cualquier persona que estuviera en el mismo sitio y en las mismas circunstáncias. Los ojos rojos de la figura apoyada en la torre del campanario brillaban con un destello malévolo, y sonreía de modo satisfecho, exhibiendo unas facciones duras, agresivas. La otra figura parecía desorientada, triste... Estaba con las manos cruzadas, como si rezara, y con la cabeza cubierta por una capucha, un tanto agachada... Sentada en el tejado. Su actitud delataba intranquilidad. Sus labios se movían, y el vendaval arrastraba unas palabras que se confundían con el silbido incesante del viento:

- Puedo correr sin parar, huyendo del peligro hasta el fin del mundo.
- Puedo esconderme en cualquier rincón por pequeño y húmedo que sea.
- Puedo saltar todos los obstáculos que interrumpan mi camino y volar si hace falta.
- Puedo camuflarme entre las ramas, puedo convertirme en otra persona, puedo parecer de piedra siendo papel.
- Puedo ser sombra y escurrirme entre las calles.
- Puedo aparecer en el momento menos adecuado o escabullirme sin dejar pistas.
- Puedo ser todo lo que quieras, pero nunca seré lo que esperas.
- Puedo hacer todo aquello que este en mi mano, pero seguiréis ahí, para siempre, ahogándome poco a poco.
- Sois la termita que corroe la madera, el parásito que chupa la sangre, el cáncer de la vida.
- Sois todo aquello contra lo que lucho diariamente y, sinceramente, estoy agotada...

(...)


- The ghost in the shell:
Hablas sobre tu realidad... Lo que te rodea... Sobre cómo te hace sentir. Es evidente que se trata de un sentimiento acerca de la realidad que forma tu día a día... Asfixiándote, torturándote, corrompiéndote... Por que a veces, la realidad y sus habitantes pueden ser asquerosamente vomitivos. Son capaces de sacar lo peor de ti, sin importar lo que hagas o donde te escondas... Están ahí, invadiendo tu intimidad... Observando, apuntando con un dedo acusador.

- The phantom of the opera:
Mentí el otro dia cuando te dije que no importaba lo que pudieran decir sobre mi. Mis miedos y mis pensamientos, eso es lo que me asfixia...

- The ghost in the shell:
Y esos miedos, de dónde vienen?

- The phantom of the opera:
No sé... Ni siquiera creo que quiera saberlo.

- The ghost in the shell:
Y dime, puedes vivir con el miedo, la inseguridad, la incerteza de ni siquiera saber si quieres saberlo?

- The phantom of the opera:
...

- The ghost in the shell:
Te da miedo no encajar... Por un lado te gusta ese sentimiento de no pertenecer claramente a ningún lado... Te hace ser más tú, más única... Más viva... Pero algunos días la realidad te traiciona, te pega una patada en la boca y te da la espalda, haciéndote sentir derrotado. Te levantas y dices, afrontando tu cruda realidad con pesadumbre: ''Toca volver a la rutina''. Y es como si te miraran, como si observaran, como si juzgaran, como si estuvieras pendiente de la etiqueta que te están a punto de colgar para luego clasificarte... Y no queremos ser sentenciados de un modo tan cruel. Nos da miedo, nos hace sentir aterrados, nos hace estar pendientes de sus movimientos, y cuando te quieres dar cuenta, estás actuando como uno de ellos - Dijo en medio de una risita cruel, mirándola sin piedad, sabiendo que la estaba torturando mentalmente, sabiendo que estaba aplastando su mente... - Es como si al colgarte la etiqueta, te metieran en un enorme pozo oscuro y húmedo con los que llevan la misma etiqueta que tú... Y entonces es cuando te das cuenta que ser distinto tiene un precio muy alto que a veces pagas siendo marginado, deshechado como un leproso... El precio de a menudo sentirte solo... Tristeza... El sentimiento de sentirte incomprendido, aislado, enfadado, rabioso con el mundo, deseando que se pudran en lo hondo de otro pozo como el tuyo... Y te preguntas porqué, una y otra vez, y ves sus caras indiferentes, apuntando con firmeza cual es el lugar de los de tu calaña, el sitio que te corresponde, el sitio donde tus cadenas te atan, remarcando que es así y no hay vuelta de hoja ni un felices para siempre.

- The phantom of the opera:
Por eso construyes un muro?

- The ghost in the shell:
Por eso ni siquiera debemos permitirles el lujo ni la satisfacción de ver cómo lo que hacen puede dolernos... Por eso les hago creer que la máscara que llevo es la que realmente me hace ser como soy, por eso soy un monstruo para ellos, una cosa non grata... Les muestro mi lado falso, una pared formada a partir de los reflejos más oscuros de mí mismo... A monstruos como tú o como yo no nos interesa que corrompan nuestra perturbada paz, ni que nos enfaden con sus mentiras y tonterias. Tan sólo somos unos condenados, atados por las cadenas del destino y con una hoz colgando, apuntando directamente a nuestro cuello... Un sentimiento de condena que nos hace volver locos por cada segundo que pasa y vemos cómo esa hoz se balancea, haciendo temblar nuestra realidad, temiendo que ese pueda ser nuestro último segundo y que cuando queramos darnos cuenta, ya sólo seamos una sombra.

- The phantom of the opera:
Pero yo no soy así... Yo no quiero creer que la realidad es así de triste...

- The ghost in the shell:
Mírame a mi! Yo simplemente me rio de ellos en su cara y ellos ni se dan cuenta... Están más preocupados por sí mismos. Son mucho más felices siendo ignorantes, pero yo disfruto de mi solitaria paz mientras me mofo en sus caras sin que se den cuenta, provocando un juicio falso que por lo general, me divierte más que me aflige... Y río al ver el falso resultado del falso juicio, sabiendo que son tan simples que ni siquiera se molestarán en entender el porqué, ni siquiera por entender si unos actos tan excéntricos son incluso posibles.

- The phantom of the opera:
Sólo te falta la risa de malvado de fondo... Das miedo.

- The ghost in the shell:
Una vez oí una frase que me marcó, y mi mundo y realidad, podrido para muchos, dicta que para seres como tú o yo es aplicable... A menudo mi lado oscuro me hace pensar en ella, arrojando cualquier haz de luz al lugar más oscuro de mis entrañas, haciendo que mire al mundo por encima del hombro, con desprecio, pensando que no son más que pobres desgraciados cogiendo ticket para su juicio final... Que están sentenciados a vagar por un túnel oscuro por el que pasa un tren a toda velocidad que arrasa con lo que se encuentre en medio.


El viento silbante pareció establecer una pausa caótica, exasperante... Como si estuviera dejando tiempo para coger aire para lo que iba a decir el individuo...



''Sólo son tan buenos como su mundo se lo permite''



La conversa se detuvo a medida que las hojas otoñales de los árboles volaban con el frio viento que soplaba con furia, jugando con ellas caprichosamente en una noche oscura como pocas se han visto... Los dos seres, uno desoncertado y desorientado y el otro satisfecho y malvado, riendo de su propio sentimiento de desquicio, de su locura, rabia, y incluso su misma maldad, compartieron la vista de un cielo poblado de nubes sombrías, dejando entrever entre los bancos de oscuridad formados por las nubes una Luna que parecía el centro de todo, brillando en medio de tanta oscuridad, como un rayo de esperanza que apuntaba directamente al pobre individuo desconcertado y desolado, que se negaba a creer lo que su acompañante le decía... Animándole a que no perdiera la esperanza.

miércoles, noviembre 17, 2010

El dilema moral del conocimiento. ( duda metódica)


El progreso es algo innegable hoy en día: Mentes brillantes en todos lados del mundo dedicadas a distintos campos ( ya sean estudios o actividades laborales) hacen posible que dicho progreso, basado en el conocimiento, sea un hecho prácticamente palpable, pese a ser algo inmaterial. Se trata sin duda de personas que han propuesto algo distinto y radical que ha llamado la atención de unos para bien, y de otros para mal, siendo a menudo la parte mala la predominante, a causa de la dificultad de aceptar cosas que van más allá de su patrón de ideales. Raramente un proyecto radicalmente innovador es bien recibido por todos. Pero el hecho es que el mundo sigue girando, y no es tan fácil echar freno a creencias tan sólidas de individuos tan resueltos y realizados con su trabajo, que no se detienen, sin importar las críticas o adversidades que se les echen encima. Pero, volviendo a lo que el título sugiere y abandonando tan breve introducción, me propongo proponer una propuesta ( viva la redundáncia) contradictória con lo expuesto hasta ahora. Pretendo dudar del conocimiento y del progreso. Me gustaría dejar claro que tan sólo se trata de una duda sin propósito alguno salvo poner en entredicho la realidad tan palpable pero a la vez tan fictícia que lo que llamamos ''conocimiento'' nos ofrece. Así pues, formulando una hipótesis basada en la toleráncia a las críticas que no vean más allá de que es simplemente lo que nuestro amigo Descartes llamaría una ''duda metódica'', con el consiguiente de admitir que no es una duda real, puesto que el conocimiento no es cuestionable para mi en la realidad, pero sí COMO CONCEPTO, yo dudo del progreso ( siendo siempre alguien hipotetizando, sin la pretensión de ofrecer ninguna clase de verdad universal). Dicho esto... Qué es el cambio? Qué es el progreso? Qué es el conocimiento, que engloba los conceptos previamente mencionados? Es realmente algo de lo que se pueda dudar? Qué aporta dicha duda?... Es necesário enfocar el cambio suponiendo de antemano la dualidad entre la seguridad de uno o un colectivo con la obtención de respuestas y la comodidad frente al conocimiento para entender esta teoria. Mirando atrás en el tiempo, muy atrás, nos topamos con el comienzo de la humanidad y unos homínidos asustados por el mundo hostil en el que se encontraban. Estos, buscaban la explicación de los sucesos que acontecían a su alrededor, tan peculiares para ellos, a través de los mitos. Y así fué durante mucho tiempo hasta la aparición de los físicos, que trajeron luz al mundo dudando de la existéncia de los dioses y otros entes divinos, supuestamente causantes de las diversas desgrácias, victórias, y otros muchos factores, según su antojo y humor. La explicación de las cosas según la naturaleza y no caprichos sobrenaturales, fué un paso importante que dió camino al famoso avance de ''el mito al logos'', que a su vez dió lugar a las primeras escuelas de filósofos, los cuales se dedicaban a dudar ante un mundo que los miraba con el ceño fruncido, con tal de obtener verdad. Los mecanismos de la ciencia empezaron a moverse, y surgieron distintos movimientos y corrientes de pensamiento filosófico que plantearon novedosas y asfixiantes dudas que hicieron temblar los cimientos de un mundo construido por dioses, según las creencias populares. El mundo progresó de manera notable hasta entrar en la edad media, o edad oscura, en la que cual la ciencia entró en recesión. Esta se propagaba bajo el estandarte de una entidad absoluta ( quizás no fuera tan absoluta si nos paramos a pensar que los que ejercían la justícia eran comandados por una persona de carne y hueso sentada en un trono, en el corazón de Itália) que no daba cuartelillo a la investigación, tildando de hereje a todo aquél que predicara premisas más allá de lo que la iglésia estuviera dispuesta a aceptar. Con el descubrimiento del nuevo mundo y la demostración de diversos hechos, así como que la Tierra era redonda, tomaron sentido las teorias de científicos a los que no se permitió propagar el verdadero conocimiento debido a el contexto absolutista ejercido por la misma iglésia que predicaba la bondad y el bien por encima de todo. Hombres como Galileo o Copérnico sufrieron la persecución de las masas por defender el heliocentrismo. Se abrió una nueva edad, en la que se presentó mayor variedad y se consolidaron los movimientos protestantes, dando lugar a una filosofia y ciencia más amplia. La figura de dios, representada por las clases nobles a las que no les interesaba el progreso ( siempre mirando por su própio bienestar), se vino abajo con las distintas revoluciones que dieron veda a la edad contemporánea ( Revolución francesa, revolución industrial, movimientos protestantes, y algunos movimientos intelectuales), en la que ciencia y filosofia encontraron su lugar, por fin. El progreso fué notable, y el mundo nunca fué tan verdadero y más afable, sin estar bajo un dios todopoderoso que observaba la humanidad, sinó bajo la custódia de la misma ciencia. Distintas figuras intelectuales han surgido a lo largo de los años hasta hoy en día, figuras que ya se habían propuesto, cada uno a su manera, la idea de cambio, conocimiento, y progreso... Platón, Aristóteles, Guillermo de Occam, Descartes, Freud, Einstein, Marie Curie, Nietzsche, Marx, Hume, Kant... Entre muchos otros. Y hoy en día, me encuentro en un mundo que sin el cambio causado por el progreso y el conocmiento, no sería posible ( siempre deduciendo de que el mundo realmente exista y que no me encuentre en un profundo letargo en el que mi sueño es el mundo). Y cuál es mi duda, si mi aceptación por tales enunciados es notable? Lo que yo me planteo como un ser imperfecto y pensante más de entre los muchos millones es: ¿Qué impulsa el cambio? ''Cambio'' no tiene porque ser sinónimo de ''comodidad'', pese a que a menudo se diga que se investiga por una mayor comodidad ( y todos esos famoso trucos del marketing)... Está claro que el impulsor no es otro que el conocimiento... O siendo más concretos, el ansia de conocimiento, el ansia de tener respuestas para tapar agujeros que nos intrigan. Pero, porqué taparlos? Para qué tanta complicación y tantas muertes? Para sentirnos más seguros, pese a ser nuestro destino natural morir de todos modos? Para qué alargar la esperanza de vida, deseando tanta gente morir? Para qué buscar tantas curas a enfermedades, si siempre surgen nuevas hasta que se encuentra de nuevo en la cura? Para qué dinero para financiar algo tan noble como el conocimiento, fomentando de modo exponencial la corrupción? Para qué tanta prisa en hacer madurar al mundo, si según el refrán la felicidad reside en la ignoráncia? Qué lleva a una persona a plantearse tantos problemas y desarrollar soluciones para cada uno de ellos en un ciclo que no tiene fin? Un problema resuelto implica la inmediata consecuéncia de una nueva manca de algo... ''Cuanto más se da cuenta el sabio de lo que sabe, más ve lo poco que en verdad sabe''... Porqué dedicar la vida a una causa que morirá con la misma muerte natural de el planeta ( que irónicamente ha sido estudiada por nosotros también) , cómo si de uno de nosotros se tratara? Porqué tanta solución a tanto problema, cuando nos hemos dado cuenta de que vamos a contrareloj gracias precisamente a esos estudios...? Quizás queremos escapar a tan fatuo destino? Para qué prolongar la existencia, si por experiencia sabemos que todo tiene principio y fin por ley? Qué hay de eso de que ''las segundas partes no son buenas''... y pese a ello prolongamos el final...? Se trata de que estamos viendo una serie a temporadas? Y el Carpe Diem? Dónde está?... Por otro lado, sería correcto resignarnos? Sería correcto rendirse? Como humano, creo en la ciencia, en el conocimiento, y en el progreso... Pero a la hora de contraponer los valores de ventajas y desventajas, dichas creencias pierden algo de credibilidad, sabiendo que no existe la solución absoluta a nada. Más triste me parece que algo que supuestamente nos ha de ayudar tenga su precio en dinero... Soy consciente de que mi duda no tiene respuesta, simplemente actuamos por impulso en busca de las respuestas acertadas para saldar los problemas salen a buscarnos en el camino y sentirnos tranquilos ante dichas hostilidades... Así pues, simplemente estoy planteando mi duda no como un problema con solución, sinó como un dilema moral... La otra cara de la moneda que tan preciada nos parece... Dicho esto, creo que prefiero ser una hormiga resignada en una sociedad levantada sobre el conocimiento, siempre cambiante, y mantieniéndonos siempre pendientes de lo siguiente que descubrir... Una causa herida de muerte desde el mismísimo comienzo del mundo.



Álvaro Sánchez, ''Filósofo'' NO titulado.

sábado, octubre 09, 2010

The loveless


''When the war of the beasts brings about the world's end
The goddess descends from the sky
Wings of light and dark spread afar
She guides us to bliss, her gift everlasting

Infinite in mystery is the gift of the goddess
We seek it thus, and take it to the sky
Ripples form on the water's surface
The wandering soul knows no rest

There is no hate, only joy
For you are beloved by the goddess
Hero of the dawn, healer of worlds
Dreams of the morrow hath the shattered soul
Pride is lost
Wings stripped away, the end is nigh

My friend, do you fly away now to a world what abhors you and I?
All that awaits you is a somber morrow
No matter where the winds may blow
My friend, your desire
Is the bringer of life, the gift of the goddess
Eeven if the morrow is barren of promises
Nothing shall forestall my return

My friend, fates are cruel
There are no dreams, no honor remains
The arrow has left the bow of the goddess
My soul, corrupted by vengeance hath endured torment
To find the end of the journey
In my own salvation, and your eternal slumber
Legend shall speak
Of sacrifice at world's end
The wind sails over the water's surface
Quietly, but surely...''

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''Cuando la guerra de las béstias lleve al fin del mundo
La diosa descenderá del cielo
Alas de luz y oscuridad se esparcen lejos
Ella nos guia a la felicidad, su don por siempre eterno

Infinito en misterio es el don de la diosa
Así lo buscamos, y nos lo llevamos al cielo
Ondas se forman en la superfície del agua
El alma vagabunda no conoce el descanso

No hay ningún odio, tan solo alegría
Pues eres querido por la diosa
Héroe del amanecer, sanador de los mundos
Los sueños del mañana tienen el alma destrozada
Perdido está el orgullo
Las alas despojadas, el fin está cerca

Amigo mio, ahora vuelas a un mundo que tú y yo aborrecemos?
Todo lo que te espera es un sombrío mañana
Sin importar donde los vientos soplen
Amigo, tu deseo
Es el portador de la vida, el don de la diosa
Aunque el mañana se halle árido de promesas
Nada se anticipará a mi venida

Amigo, el destino es cruel
No hay sueños, no queda honor
La flecha ha abandonado el arco de la diosa
Mi alma, corrupta por venganza, ha superado el tormento
Para encontrar el fin del viaje
En mi própia salvación
Y tu sueño eterno
La leyenda hablará
De sacrifício en el fin del mundo
El viento navega sobre la superfície del agua
Calmada, pero firmemente''

viernes, octubre 08, 2010

Breaking the habit


''Memories consume like opening the wounds, I'm picking me apart again... You all assume, I'm safe here in my room unless I try to start again... I don't want to be the one, the battles always choose, cause inside I realize that I'm the one confused... I don't know what's worth fighting for, or why I have to scream, I don't know why I instigate and say what I don't mean... I don't know how I got this way I know it's not alright, so I'm braking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight. Clutching my cure, I tightly lock the door, I try to catch my breath again... I hurt much more than anytime before, I've got no options left again... I don't want to be the one, the battles always choose, cause inside I realize that I'm the one confused... I don't know what's worth fighting for, or why I have to scream... I don't know why I instigate and say what I don't mean, I don't know how I got this way, I know it's not alright, so I'm breaking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight... I'll paint it on the walls, cause I'm the one has fault, I'll never try again... And this is how it ends. I don't know whats worth fighting for, or why i have to scream, I don't know why I instigate and say what I don't mean, I don't know how I got this way, I'll never be alright so I'm breaking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight...''

El tormento de su corazón lo cegaba con ira. El oscuro baño, carente de iluminación, albergaba una alma furiosa. Toallas desgarradas, utensilios de higiene por el suelo... Se oía la agitada respiración del individuo dentro, que lloraba desconsoladamente. Estaba sentado encima del váter y tenía las manos en los ojos. Las lágrimas caían monótonamente a través del resquicio entre dedo y dedo. Los labios le temblaban, y a ratos sollozaba. El entorno oscuro se cerraba en torno a él. Se sentía solo, atrapado en una espiral eterna. En su cabeza viajaban imágenes del pasado y de otras personas a toda velocidad, haciéndole sentir agobiado, sugestionado, lo que le provocaba un dolor mayor. Los minutos fluían a una velocidad que daba miedo, no por rápida, si no por lenta. Las lágrimas cesaron... Pues ya no había más que derramar. Los ojos cansados descansaron de lágrimas por un momento. Se apartó las manos de la cara y las depositó en las rodillas. Tras unos minutos de ensimismamiento, se levantó y se puso frente al espejo. Se vió a sí mismo reflejado, y contempló con cierto aire de compadecimiento por sí mismo la cara que tenía. Vió sus ojos inyectados en sangre de tanto llorar, esos ojos una vez verdes. Vió las ojeras marcadas en su cara, signo de cansancio, y contempló sus labios torcidos por la tristeza. El baño empezó a temblar, sus emociones empezaron a temblar, sus expresión se volvió tensa, y un torbellino de pensamientos empezó a girar en su cabeza, relativamente serena hasta el momento. La nube en su cabeza se condensaba, se concentraba, y lo destruía... Un pitido agudo empezó a sonar en su cabeza. Empezó a arder. La furia tomó poder sobre sus sentidos. Y después de la tormenta vino la calma... Cuando se quiso dar cuenta, tenía el puño estampado contra el espejo que mostraba lo débil que se sentía. La sangre goteaba por sus nudillos y por la muñeca. El espejo ahora sí que era fiel a su reflejo: Estaba hecho pedazos... Y cómo mejor podía reflejar sus sentimientos? Se dió cuenta de que estaba en una situación estúpida, así que decidió cambiar el chip rápidamente. Se olvidó de los cristales rotos, ya los barrería luego. Lo primero que hizo fue irse a lavar y vendar la mano. Una vez hecho esto, se desplazó hasta la cocina con una falsa parsimónia. Tomó un trago de agua que se le antojó como una bendición. Guardó la botella en la nevera y abrió la puerta de su casa. Echó a andar hacia uno de aquellos bancos cerca de dónde estaban los almendros y aquella pequeña montaña, y se sentó en uno de ellos. Contempló el cielo y cómo la brisa torturaba plácidamente los árboles, otorgándoles un éxtasis parecido al que ahora sentía él ante la inmensa paz de aquella visión de un atardecer de otoño. Aquella paz le trajo consigo la brisa, la cual a su vez arrastraba una palabras claras y concisas: ''Pasa página...''


P.D: Titulo sacado de la canción ''Breaking the habit'', de Linkin Park

martes, septiembre 21, 2010

Expreso Estígio


El tren llegaba, tan ruidoso como siempre. La locomotora y todo el tren, negros, negros como la noche, oscuros como una nube de tinieblas. El maquinista tiraba de la bocina con brío, dejando salir un sonido ensordecedor el cual le encantaba. La estación, poblada de personas vestidas todas de gris, no tenía vida alguna: La taquilla donde se vendían los tickets estaba despoblada, los bancos estaban llenos, y no había ni seguridad policial para pillar al típico ratero que se cuela saltando las vallas. Las escaleras mecánicas subían y bajaban en sus respectivas direcciones, sin nadie ocupándolas. La luz oscura y ténue proveniente de un exterior incierto, parecido al limbo, se colaba por los accesos donde estaban las solitárias escaleras. La música sonaba a través de los altavoces, pero nadie parecía tener ningún sentimiento hacia esa canción, ni bueno ni malo, si no que se limitaban todos a mirar al frente, con los ojos incoloros, sujetando las maletas. Incoloros, así tenían los ojos: Sin vida, sin señales de color, ni un solo rastro que diera a entender que esas personas estaban VIVAS. Nadie hablaba, tan sólo se limitaban a mirar el andén fantasmal. Se podía ver la via del otro lado, despoblada totalmente, y, según la dirección que marcaba, iba en dirección contrária al tren que siempre venía para llevar a todos a su destino, el Érebo. Pero no le importaba a nadie, pues tan solo eran recipientes vacíon con ojos falsos... Sombras de lo que una vez, tan sólo unas horas atrás, eran. Muy curioso era que ningun individuo era especialmente viejo ni jóven: Todos vestían chapados a la antigua, con sombreros de copa baja y gabardinas o trajes grisáceos... Y con bonitas maletas de cuero marrón. Ni un solo niño, ni un solo anciano. El tren ensordecía el túnel con su incesante rebombório, y los frenos de aquel aparato, bastante rudimentário, cabe a decir, empezaron a rechinar, eclipsando y ganándole el pulso a la debilitada música que ya apenas se oía. Los bancos se vaciaron de repente al oir la llegada del tren, y todo el mundo se puso en pie al unisono, como si ya estuvieran entrenados para ello. La locomotora se acercaba, cada vez más, y, Caronte ( que así se llamaba el maquinista) reía, satisfecho. Ni un solo ruido de júbilo, de rabia o de alegría de ninguno de los viajeros. El tren se precipitó finalmente en el andén y los frenos definitivamente reinaron sobre toda la instalación. El reloj marcaba las doce en punto cuando el tren finalmente se detuvo. Caronte se asomó por las vallas de la locomotora y con su voz seca, ronca, tosca, con tan poca vida como el resto de toda la estación y sus ocupantes gritó:


- Pasajeros, al tren!

Y a la señal de la voz muerta de Caronte, los viajeros levantaron sus maletas y se internaron en el tren. Cuando entraron, se sacaron dos monedas de debajo de la lengua y las insertaron en una máquina que les permitía viajar sin tener miedo de que el revisor los echara. Caronte cerró las puertas y puso en marcha la locomotora, dejando de nuevo la estación, sola, sin ningún ocupante, dejando con su marcha un viento muerto y seco que revolotoeaba y rebotaba en cada rincón de la estancia. Cuando ya sólo se veia el culo del último vagón y una luz leve alumbrando un túnel, unas campanas sonaron, ensordeciéndolo todo, y muchos viajeros idénticos a los anteriores bajaron súbitamente por las escaleras mecánicas que venían de no se sabe donde. Todos tomaron asiento y dispusieron de sus maletas, protegiéndolas, siempre con esa expresión muerta en la cara y los ojos, notando el tacto frío del metal bajo la lengua, que les dejaba un sabor amargo que, por supuesto ellos no conocían, esperando al próximo tren con monotonía...

domingo, septiembre 12, 2010

Welcome Home (Sanitarium)


El hombre enfundado en su gabardina marrón siguió andando hasta toparse con la gran verja blanca. Se quedó contemplándola unos segundos, y luego volvió su cabeza hacia su derecha, donde había un interfono. Llamó al timbre, y del aparato salió una voz femenina:

- Sí?

- Doctor Stewart, llamé préviamente conforme venía a buscar material para una tésis.

- Ah, sí, habló usted con la doctora Watts, verdad?

- Así es.


Un chirrido le dió paso dentro de la instalación, haciendo ceder la puerta a su pesar. El hombre fue avanzando, y fue observando sus alrededores a medida que avanzaba. Contempló el patio, donde había hierba y un par de pistas de baloncesto donde personas jugaban. El sitio al que iba no era precisamente un sitio feliz, y parecía que para dar fe de ello, el cielo alumbraba con nubes negras el emplazamiento, cómo si se tratara de el único sitio en toda la ciudad donde había esos nubarrones, cómo un augurio... El hombre levantó la cabeza hasta encima del porche de la entrada principal, donde había un rótulo con letras grandes. El hombre lo leyó, lentamente:

- Welcome Home... Un nombre un tanto cruel para tratarse de uno de los manicómios dónde se retienen a las personas más peligrosas y más inestables del continente...

Siguió avanzando, empujando la puerta principal y entrando, pudiendo ver un pasillo no demasiado grande, pero tampoco pequeño, de paredes blancas y suelo decorado con mármol color azabache. Había varios bancos al lado de recepción, donde se encontraban algunas personas sentadas, esperando turno, seguramente... Se aproximó a recepción, donde había una enfermera atractiva, cuanto menos, de pelo castaño claro y ojos verdes, alta, esbelta, y jóven.

- Buenos días, vengo a por el---

- Sí, tranquilo, puede usted pasar, los chicos de seguridad al lado de la puerta le dejarán pasar, tan solo diga que va de parte de la doctora Watts.

- De acuerdo, muchas gracias.


El hombre dejó atrás recepción, muy a su pesar, tras haber visto la chica tan guapa atendiendo en la entrada. Pese a que las mujeres no tenían nada que ver con sus quehaceres ahí, no pudo evitar pensar si el resto de chicas serían igual de guapas. El ambiente era pesado, cómo si la presión fuera mayor en el edificio. El aire fluía de un modo distinto, más lento, y olía de un modo peculiar... En conjunto, se podría decir que se trataba de un ambiente denso, pesado. Caminó a lo largo del pasillo, viendo que a lado y lado habían algunas fotos de internados y listas con nombres de distintos pacientes. Se acercó a dos hombres jóvenes que custodiaban una puerta también blanca, que daba acceso a las instalaciones interiores, donde estaban los residentes. Habló con ellos, contándoles que venía de parte de la doctora Watts y que tenía permiso para acceder y interactuar con quién quisiera para tomar notas para su trabajo. Entró, y se quedo algo atontado: Vió un gran comedor, donde muchas personas comían. Otras deambulaban por la estancia, cerca de los cristales, observando el exterior, donde estaba el patio. Fue paseando entre mesa y mesa, mirando a cada uno de los individuos con curiosidad. Algunos actuaban de modo totalmente normal, mientras que otros hablaban con las cucharas que les servían para comer la sopa, otros usaban las servilletas para hacerse un gorro, otros estaban furiosos con la ventana... Un sinfin de personas muy distintas a él. Avanzando entre mesa y mesa, pasó a la siguiente sala, una espécie de sala de estar, donde unos jugaban a cartas, otros hablaban entre ellos o para sí mismos, otros estaban simplemente sentados en la sillas tan feas que habían. Lo que él andaba buscando era un caso peculiar de enfermedad mental, y a poder ser, un poco extrema, pero todo lo que veía se le antojaba relativamente y desde el punto de vista cuerdo, normal. Lo cierto era, por cruel que pudiera parecer, que estaba decepcionado con el comportamiento tan normal de algunos de los crminales con falta de estabilidad mental más ilustres del continente... A medida que los minutos pasaban, la mirada curiosa del hombre se tornó aburrida, dejando entrever su decepción. La sala de estar era bastante grande, pero ya se la había mirado de pe a pa. Decidió irse y volver otro día, confiando encontrar algo mejor. Se dió la vuelta y echó a andar. Cuando llevaba unos segundos andando notó algo muy caliente clavado en su espalda, algo no material, algo que ardía. Se giró, y buscó, sabiendo de qué se podía tratar. Busco en un lado y en otro, volvió la cabeza hacia distintos distintos puntos de la sala, sin resultado, hasta que en un movimiento brusco de cabeza se cruzó con una mirada tan ardiente cómo la sensación anterior. Le miraba fijamente, y podía notar cómo la mirada le corroía las entrañas. Se tratab de un hombre mayor, de unos casi 50 años, de pelo negro muy canoso y ojos azules cómo el hielo. En su cara, tenía las arrugas de los ojos muy pronunciadas, y una sonrisa retorcida en el rostro. Se acercó hasta el rincón donde estaba aquél extraño, curioso a la par que temeroso del individuo. Estuvieron a un metro y seguían mirándose del mismo modo: uno asustado y el otro divertido. Poco después, el hombre decidió tomar asiento en frente del sujeto, y sacó una libreta y un boli, se acomodó la gabardina, y se colocó bien las gafas que cubrían sus ojos verdes oscuro.

- Hola, buenas tardes.

- Buenas... Tardes, doctor. Porque hoy es una bonita tarde, no cree? - dijo el hombre exhibiendo esos ojos tan frios con esa sonrisa tan malévola.

- Sin duda, se trata de un buen día... Un poco nublado, quizás.

- Una cosa no quita la otra, señor, a mi me parece una tarde bonita.

- ... Supongo. - dijo el doctor asombrado de la seguridad con la que hablaba su interlocutor y la cordura que transmitían sus palabras, que salían de una boca con una voz algo ronca, grave.

- Dígame, doctor, cuál es el propósito de su visita a un lugar como éste?


Carraspeó un poco y se decidió a contestarle:


- Vengo en busca de datos para una tésis doctoral. Sabe lo que es una tésis?

- Por favor, doctor... - Dijo el hombre fingiendo indignación- Por supuesto que sé lo que es una tésis.

- ...

- Dígame, dónde se graduó usted?

- En Harvard.

- Así que es usted de buena familia?

- Bueno, en mi casa jamás faltó el dinero.

- Un hombre afortunado, sin duda.


A medida que ambos hablaban, el doctor no sabía si sentirse enfermo al lado de la elocuéncia con la que hablaba el otro conversante o, de otro modo, extrañamente sano. El hecho de que aquél hombre con el que hablaba estuviera encerrado le daba a opinar dos argumentos totalmente opuestos, contradictórios, y sin razón: Por un lado, en aquella voz ronca, aquellos ojos, y aquella sonrisa veía un motivo aparente por el cuál aquél hombre estaba ahí... Sintiendo maldad a través de cada uno de sus gestos y palabras, acompañadas por una educación antinatural y decoradas por aquella sonrisa cruel pintada en los labios. Por otro lado, se sentía sumamente fascinado por el modo de argumentar de aquél individuo que se le reveló interesante para su trabajo, pero no podía negar que algo de miedo sentía hacia él... Tras momentos de cavilación, se atrevió, algo dudoso, a lanzar la pregunta que tantas ganas tenía de hacerle:

- Dígame, señor...

- Zaitsev.

- Señor Zaitsev. - Dijo repitiendo su nombre- Por qué motivo está usted aquí encerrado?

La pregunta causó en él una risa incontrolada, que hizo que hasta le saltaran las lágrimas de la risa. Una parte de la gente de la sala les miraba, curiosa. Alguno de los espectadores empezó a decir algo como que la cabra se había metido en el mecánico, o otro que empezó a gritar que el fútbol no era deporte para ratas... Otros simplemente gritaban aterrorizados. El doctor se sentía ciertamente incómodo, pero parecía que el señor Zaitsev estaba más que acostumbrado. El ruido fue cesando, y retomaron la conversa:

- Volviendo a lo que le decía antes, doctor... Estoy aquí por homicídio. Era asesino en serie, y solía matar niños. Por otro lado, soy esquizofrénico.


El doctor quedó petrificado ante la tranquilidad con la que lo había dicho aquél hombre. En el momento en que se lo dijo, perdió el pulso y hizo un tachón en la hoja en la que estaba tomando nota. Volvió la cabeza lentamente, y miró al hombre con unos ojos temerosos, detrás de los cristales de las gafas, que no podían ocultar su miedo. Zaitsev se mostraba frío y igual de sonriente.

- Tranquilo, estoy en rehabilitación. Estoy ''curado'' - Dijo intentando ocultar una risa cruel sin éxito.


Recobrando el sentido, el doctor aspiró aire, y lo soltó. Decidió volver a la carga.

-Cuantas vítimas, en total?

- 23

- Y lo de su esquizofrénia?

- Es un caso grave, o eso dicen los que me atienden. Por ese motivo, me medico. Ahora mismo soy inofensivo, el problema es cuando pierdo constáncia de mi yo para dejar salir al destripador que dió que hablar a la policía.

- ... Así que se trata de esquizofrénia, puesto que es consciente de sus cambios de personalidad.

- Sí, no es ningun trastorno bipolar, de lo contrário, yo no sabría que hay otro ''yo'' en mi.


El doctor iba tomando nota de todo, con calma. El rasgueo del boli contra el papel y el silencio profundo tras cada palabra de aquél asesino creaban una situación incómoda para él.

- Por cierto, doctor, no me ha dicho usted su nombre...

- Matt Stewart.

- Un placer, señor Mathew.

- Matt, por favor.

- Matt pues.


La mañana transcurrió lenta. Estuvieron hablando un buen rato, hasta que a las 15:00 se despidió de él para ir a comer algo. Sacó los apuntes mientras esperaba que su menú de comida basura ( comió en un Burger King) llegara. Fue repasando cada línea, recordando sin poder evitarlo la cara de aquél homicida chalado. Los gestos, el modo de hablar.... Le hacía sentir escalofríos, miedo... Pero de algún modo, se sentía obsesionado por todo el conjunto. Por la tarde, decidió volver al manicómio a hablar un poco con el sujeto. Caminó, haciendo todo el recorrido de nuevo hasta donde antes había encontrado a su mina de oro para la tésis. Lo encontró en el mismo sitio, pero lo notó muy distinto.

- Señor Zaitsev?

- Qué carajo quiere?

Le temblaban los brazos, y de tanto en tanto exhibía una sonrisa retorcida, cómo un tick nervioso.

- Disculpe? Había quedado con usted para hablar de nuevo...

- Tu madre es una zorra, y un día la voy a violar, sé que le gusta... - Dijo en medio de una risa aguda.

- Disculpe? Se encuentra usted bien?

- A tu hermana también me la voy a follar, yankee de mierda.


El doctor Stewart se levantó y fué a hablar con la enfermera de guardia, preguntándole por la medicación del señor Zaitsev. Ésta negó con la cabeza, diciendo que no le habían dado su correspondiente dósis a la hora determinada. Mientras la enfermera iba a por los medicamentos, el doctor se apresuró a la sala, temiendo lo peor. Seguía sentado ahí, iracundo, tembloroso, esquizofrénico perdido.


- Escuche, ahora mismo traerán su medicamento, tiene que relajarse...

- Tú no sabes nada... TÚ NO SABES NADA...


La mirada furiosa del aquél enfermo se le clavaba en los ojos, sintiendo una vez más cómo le corroía. El señor Zaitsev se levantó.

- Tengo que beber agua, me das agua, por favor?

- p-pero...

- No tienes agua? Quieres que le diga a mi amigo que te mate y que se cargue a tu familia?

- Joder, esto se me escapa... ENFERMERA!!

- Fíjate cómo grita éste apuesto doctor, Thomas, no te hace gracia el terror que transmite? A mi me resulta sencillamente sublime... Qué dices? Que no te cae bien...? Pues es una lástima, yo le tengo cierto cariño...

- Dónde está la puta medicación?!

- CÁLLATE HIJO DE PUTA! No ves que no escucho a mi amigo? Qué? Matarle? No digas bobadas, Thomas! Sí, en cambio, matar a Will sí que sería divertido...


El hombre de casi cincuenta años empezó a correr, extasiado, y riendo a carcajadas. Iba desarmado, pero la situación era realmente preocupante...

- No, no! SEÑOR ZAITSEV! SEÑOR ZAITSEV!


El doctor echó a correr detrás de él, pero fue muy tarde: Se había abalanzado sobre un hombre que iba en silla de ruedas, derribándolo de ésta. Le arrancó la túnica del pecho y empezó a arañarle y a morderle, gritando y riendo fuerte. El doctor se abalanzó sobre él, arrancándole de su víctima, que sangraba por la barriga. Rebotado, se volvió hacia el que lo había sacado de su éxtasis e intentó agredirle. Tenía la boca llena de sangre, y daba repulsión. Empezó a pegarle en la cara, rompiéndole las gafas. Llevaba ya unos segundos golpeándole en la cara cuando aparecieron la enfermera y dos guardias que lo redujeron mientras la enfermera lo sedaba. Aliviado de que se lo hubieran quitado de encima, se palpó la cara, notando hinchada una de las mejillas. Se quedó ahí un poco más, esperando a que el señor despertara. Estaba en la misma estancia que él, una habitación muy pequeña cerrada por una pierta firme de acero chapado y donde tan solo había una cama, esperando pacientemente... Hacia las 8, el señor Zaitsev se despertó, extrañado por las circunstáncias en las que se encontraba...


- Doctor Stewart? - Dijo con la voz temblorosa a causa del sedante que se le había administrado, que lo había dejado algo atontado.

- Buenas tardes, recuerda algo?

- Eh? Qué está usted diciendo?


Le explicó lo sucedido, y el paciente se disculpó. Mantuvieron una charla larga e interesante, en la cuál lo único incómodo era esa sonrisa cruel que se le dibujaba a veces en la cara. El miedo seguía presente en el doctor, pero cada vez menos. Quedó sumamente impresionado de lo peligrosa que puede ser una persona con trastornos esquizofrénicos, pudiendo ser a la vez tan educada y culta, y al mismo tiempo tan excéntrica y psicópata. El doctor Stewart pidió que se le quitara la camisa de fuerza, y así fue. Estuvieron un rato juntos, y, a la despedida, el señor Stewart ya no sentía más motivos para temerle, sabiendo que lo habían medicado. Justo cuando iba a salir por la puerta de hierro blanca, notó cómo unas manos se cerraban alrededor de su cuello y lo derribaban al suelo. Después, notó ls mismas manos rebuscando algo en los bolsillos, sacando un bolígrafo de estos. Sonriente, histérico y 100% feliz sumido en un nuevo éxtasis aún más profundo que el anterior, el señor Zaitsev empezó a apuñalarle una vez y otra con el bolígrafo, y aunque ya estaba agonizando y en breve iba a morir, seguía... Le quitó a ropa, lo tumbó en la cama, y le puso la misma camisa de fuerza que llevaba él hasta hacía unos minutos. Se golpeó un par de veces en la cara contra la pared hasta conseguir la hinchazón parecida a la de un puñetazo. Se vistió con la ropa, se puso sus gafas, y salió sonriendo, expresando esa risa tan cruel y fría. Abandonó la estancia, dejando a solas al doctor con sus últimos minutos de vida. Éste, pensó resignado en cómo de inteligente puede ser una persona enferma, habiéndole superado pese a estar totalmente sano de cualquier trastorno mental. La sangre se derramaba por debajo de la camisa de fuerza, dejando una marca roja en esta, mientras la cama se teñía lentamente de rojo, la misma cama que contenía un pobre ingénuo vencido por la buena voluntad...




P.D: Título de la entrada sacado de la canción de Metallica, Welcome Home ( Sanitarium)