sábado, octubre 09, 2010

The loveless


''When the war of the beasts brings about the world's end
The goddess descends from the sky
Wings of light and dark spread afar
She guides us to bliss, her gift everlasting

Infinite in mystery is the gift of the goddess
We seek it thus, and take it to the sky
Ripples form on the water's surface
The wandering soul knows no rest

There is no hate, only joy
For you are beloved by the goddess
Hero of the dawn, healer of worlds
Dreams of the morrow hath the shattered soul
Pride is lost
Wings stripped away, the end is nigh

My friend, do you fly away now to a world what abhors you and I?
All that awaits you is a somber morrow
No matter where the winds may blow
My friend, your desire
Is the bringer of life, the gift of the goddess
Eeven if the morrow is barren of promises
Nothing shall forestall my return

My friend, fates are cruel
There are no dreams, no honor remains
The arrow has left the bow of the goddess
My soul, corrupted by vengeance hath endured torment
To find the end of the journey
In my own salvation, and your eternal slumber
Legend shall speak
Of sacrifice at world's end
The wind sails over the water's surface
Quietly, but surely...''

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''Cuando la guerra de las béstias lleve al fin del mundo
La diosa descenderá del cielo
Alas de luz y oscuridad se esparcen lejos
Ella nos guia a la felicidad, su don por siempre eterno

Infinito en misterio es el don de la diosa
Así lo buscamos, y nos lo llevamos al cielo
Ondas se forman en la superfície del agua
El alma vagabunda no conoce el descanso

No hay ningún odio, tan solo alegría
Pues eres querido por la diosa
Héroe del amanecer, sanador de los mundos
Los sueños del mañana tienen el alma destrozada
Perdido está el orgullo
Las alas despojadas, el fin está cerca

Amigo mio, ahora vuelas a un mundo que tú y yo aborrecemos?
Todo lo que te espera es un sombrío mañana
Sin importar donde los vientos soplen
Amigo, tu deseo
Es el portador de la vida, el don de la diosa
Aunque el mañana se halle árido de promesas
Nada se anticipará a mi venida

Amigo, el destino es cruel
No hay sueños, no queda honor
La flecha ha abandonado el arco de la diosa
Mi alma, corrupta por venganza, ha superado el tormento
Para encontrar el fin del viaje
En mi própia salvación
Y tu sueño eterno
La leyenda hablará
De sacrifício en el fin del mundo
El viento navega sobre la superfície del agua
Calmada, pero firmemente''

viernes, octubre 08, 2010

Breaking the habit


''Memories consume like opening the wounds, I'm picking me apart again... You all assume, I'm safe here in my room unless I try to start again... I don't want to be the one, the battles always choose, cause inside I realize that I'm the one confused... I don't know what's worth fighting for, or why I have to scream, I don't know why I instigate and say what I don't mean... I don't know how I got this way I know it's not alright, so I'm braking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight. Clutching my cure, I tightly lock the door, I try to catch my breath again... I hurt much more than anytime before, I've got no options left again... I don't want to be the one, the battles always choose, cause inside I realize that I'm the one confused... I don't know what's worth fighting for, or why I have to scream... I don't know why I instigate and say what I don't mean, I don't know how I got this way, I know it's not alright, so I'm breaking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight... I'll paint it on the walls, cause I'm the one has fault, I'll never try again... And this is how it ends. I don't know whats worth fighting for, or why i have to scream, I don't know why I instigate and say what I don't mean, I don't know how I got this way, I'll never be alright so I'm breaking the habit, I'm breaking the habit, I'm breaking the habit tonight...''

El tormento de su corazón lo cegaba con ira. El oscuro baño, carente de iluminación, albergaba una alma furiosa. Toallas desgarradas, utensilios de higiene por el suelo... Se oía la agitada respiración del individuo dentro, que lloraba desconsoladamente. Estaba sentado encima del váter y tenía las manos en los ojos. Las lágrimas caían monótonamente a través del resquicio entre dedo y dedo. Los labios le temblaban, y a ratos sollozaba. El entorno oscuro se cerraba en torno a él. Se sentía solo, atrapado en una espiral eterna. En su cabeza viajaban imágenes del pasado y de otras personas a toda velocidad, haciéndole sentir agobiado, sugestionado, lo que le provocaba un dolor mayor. Los minutos fluían a una velocidad que daba miedo, no por rápida, si no por lenta. Las lágrimas cesaron... Pues ya no había más que derramar. Los ojos cansados descansaron de lágrimas por un momento. Se apartó las manos de la cara y las depositó en las rodillas. Tras unos minutos de ensimismamiento, se levantó y se puso frente al espejo. Se vió a sí mismo reflejado, y contempló con cierto aire de compadecimiento por sí mismo la cara que tenía. Vió sus ojos inyectados en sangre de tanto llorar, esos ojos una vez verdes. Vió las ojeras marcadas en su cara, signo de cansancio, y contempló sus labios torcidos por la tristeza. El baño empezó a temblar, sus emociones empezaron a temblar, sus expresión se volvió tensa, y un torbellino de pensamientos empezó a girar en su cabeza, relativamente serena hasta el momento. La nube en su cabeza se condensaba, se concentraba, y lo destruía... Un pitido agudo empezó a sonar en su cabeza. Empezó a arder. La furia tomó poder sobre sus sentidos. Y después de la tormenta vino la calma... Cuando se quiso dar cuenta, tenía el puño estampado contra el espejo que mostraba lo débil que se sentía. La sangre goteaba por sus nudillos y por la muñeca. El espejo ahora sí que era fiel a su reflejo: Estaba hecho pedazos... Y cómo mejor podía reflejar sus sentimientos? Se dió cuenta de que estaba en una situación estúpida, así que decidió cambiar el chip rápidamente. Se olvidó de los cristales rotos, ya los barrería luego. Lo primero que hizo fue irse a lavar y vendar la mano. Una vez hecho esto, se desplazó hasta la cocina con una falsa parsimónia. Tomó un trago de agua que se le antojó como una bendición. Guardó la botella en la nevera y abrió la puerta de su casa. Echó a andar hacia uno de aquellos bancos cerca de dónde estaban los almendros y aquella pequeña montaña, y se sentó en uno de ellos. Contempló el cielo y cómo la brisa torturaba plácidamente los árboles, otorgándoles un éxtasis parecido al que ahora sentía él ante la inmensa paz de aquella visión de un atardecer de otoño. Aquella paz le trajo consigo la brisa, la cual a su vez arrastraba una palabras claras y concisas: ''Pasa página...''


P.D: Titulo sacado de la canción ''Breaking the habit'', de Linkin Park

martes, septiembre 21, 2010

Expreso Estígio


El tren llegaba, tan ruidoso como siempre. La locomotora y todo el tren, negros, negros como la noche, oscuros como una nube de tinieblas. El maquinista tiraba de la bocina con brío, dejando salir un sonido ensordecedor el cual le encantaba. La estación, poblada de personas vestidas todas de gris, no tenía vida alguna: La taquilla donde se vendían los tickets estaba despoblada, los bancos estaban llenos, y no había ni seguridad policial para pillar al típico ratero que se cuela saltando las vallas. Las escaleras mecánicas subían y bajaban en sus respectivas direcciones, sin nadie ocupándolas. La luz oscura y ténue proveniente de un exterior incierto, parecido al limbo, se colaba por los accesos donde estaban las solitárias escaleras. La música sonaba a través de los altavoces, pero nadie parecía tener ningún sentimiento hacia esa canción, ni bueno ni malo, si no que se limitaban todos a mirar al frente, con los ojos incoloros, sujetando las maletas. Incoloros, así tenían los ojos: Sin vida, sin señales de color, ni un solo rastro que diera a entender que esas personas estaban VIVAS. Nadie hablaba, tan sólo se limitaban a mirar el andén fantasmal. Se podía ver la via del otro lado, despoblada totalmente, y, según la dirección que marcaba, iba en dirección contrária al tren que siempre venía para llevar a todos a su destino, el Érebo. Pero no le importaba a nadie, pues tan solo eran recipientes vacíon con ojos falsos... Sombras de lo que una vez, tan sólo unas horas atrás, eran. Muy curioso era que ningun individuo era especialmente viejo ni jóven: Todos vestían chapados a la antigua, con sombreros de copa baja y gabardinas o trajes grisáceos... Y con bonitas maletas de cuero marrón. Ni un solo niño, ni un solo anciano. El tren ensordecía el túnel con su incesante rebombório, y los frenos de aquel aparato, bastante rudimentário, cabe a decir, empezaron a rechinar, eclipsando y ganándole el pulso a la debilitada música que ya apenas se oía. Los bancos se vaciaron de repente al oir la llegada del tren, y todo el mundo se puso en pie al unisono, como si ya estuvieran entrenados para ello. La locomotora se acercaba, cada vez más, y, Caronte ( que así se llamaba el maquinista) reía, satisfecho. Ni un solo ruido de júbilo, de rabia o de alegría de ninguno de los viajeros. El tren se precipitó finalmente en el andén y los frenos definitivamente reinaron sobre toda la instalación. El reloj marcaba las doce en punto cuando el tren finalmente se detuvo. Caronte se asomó por las vallas de la locomotora y con su voz seca, ronca, tosca, con tan poca vida como el resto de toda la estación y sus ocupantes gritó:


- Pasajeros, al tren!

Y a la señal de la voz muerta de Caronte, los viajeros levantaron sus maletas y se internaron en el tren. Cuando entraron, se sacaron dos monedas de debajo de la lengua y las insertaron en una máquina que les permitía viajar sin tener miedo de que el revisor los echara. Caronte cerró las puertas y puso en marcha la locomotora, dejando de nuevo la estación, sola, sin ningún ocupante, dejando con su marcha un viento muerto y seco que revolotoeaba y rebotaba en cada rincón de la estancia. Cuando ya sólo se veia el culo del último vagón y una luz leve alumbrando un túnel, unas campanas sonaron, ensordeciéndolo todo, y muchos viajeros idénticos a los anteriores bajaron súbitamente por las escaleras mecánicas que venían de no se sabe donde. Todos tomaron asiento y dispusieron de sus maletas, protegiéndolas, siempre con esa expresión muerta en la cara y los ojos, notando el tacto frío del metal bajo la lengua, que les dejaba un sabor amargo que, por supuesto ellos no conocían, esperando al próximo tren con monotonía...

domingo, septiembre 12, 2010

Welcome Home (Sanitarium)


El hombre enfundado en su gabardina marrón siguió andando hasta toparse con la gran verja blanca. Se quedó contemplándola unos segundos, y luego volvió su cabeza hacia su derecha, donde había un interfono. Llamó al timbre, y del aparato salió una voz femenina:

- Sí?

- Doctor Stewart, llamé préviamente conforme venía a buscar material para una tésis.

- Ah, sí, habló usted con la doctora Watts, verdad?

- Así es.


Un chirrido le dió paso dentro de la instalación, haciendo ceder la puerta a su pesar. El hombre fue avanzando, y fue observando sus alrededores a medida que avanzaba. Contempló el patio, donde había hierba y un par de pistas de baloncesto donde personas jugaban. El sitio al que iba no era precisamente un sitio feliz, y parecía que para dar fe de ello, el cielo alumbraba con nubes negras el emplazamiento, cómo si se tratara de el único sitio en toda la ciudad donde había esos nubarrones, cómo un augurio... El hombre levantó la cabeza hasta encima del porche de la entrada principal, donde había un rótulo con letras grandes. El hombre lo leyó, lentamente:

- Welcome Home... Un nombre un tanto cruel para tratarse de uno de los manicómios dónde se retienen a las personas más peligrosas y más inestables del continente...

Siguió avanzando, empujando la puerta principal y entrando, pudiendo ver un pasillo no demasiado grande, pero tampoco pequeño, de paredes blancas y suelo decorado con mármol color azabache. Había varios bancos al lado de recepción, donde se encontraban algunas personas sentadas, esperando turno, seguramente... Se aproximó a recepción, donde había una enfermera atractiva, cuanto menos, de pelo castaño claro y ojos verdes, alta, esbelta, y jóven.

- Buenos días, vengo a por el---

- Sí, tranquilo, puede usted pasar, los chicos de seguridad al lado de la puerta le dejarán pasar, tan solo diga que va de parte de la doctora Watts.

- De acuerdo, muchas gracias.


El hombre dejó atrás recepción, muy a su pesar, tras haber visto la chica tan guapa atendiendo en la entrada. Pese a que las mujeres no tenían nada que ver con sus quehaceres ahí, no pudo evitar pensar si el resto de chicas serían igual de guapas. El ambiente era pesado, cómo si la presión fuera mayor en el edificio. El aire fluía de un modo distinto, más lento, y olía de un modo peculiar... En conjunto, se podría decir que se trataba de un ambiente denso, pesado. Caminó a lo largo del pasillo, viendo que a lado y lado habían algunas fotos de internados y listas con nombres de distintos pacientes. Se acercó a dos hombres jóvenes que custodiaban una puerta también blanca, que daba acceso a las instalaciones interiores, donde estaban los residentes. Habló con ellos, contándoles que venía de parte de la doctora Watts y que tenía permiso para acceder y interactuar con quién quisiera para tomar notas para su trabajo. Entró, y se quedo algo atontado: Vió un gran comedor, donde muchas personas comían. Otras deambulaban por la estancia, cerca de los cristales, observando el exterior, donde estaba el patio. Fue paseando entre mesa y mesa, mirando a cada uno de los individuos con curiosidad. Algunos actuaban de modo totalmente normal, mientras que otros hablaban con las cucharas que les servían para comer la sopa, otros usaban las servilletas para hacerse un gorro, otros estaban furiosos con la ventana... Un sinfin de personas muy distintas a él. Avanzando entre mesa y mesa, pasó a la siguiente sala, una espécie de sala de estar, donde unos jugaban a cartas, otros hablaban entre ellos o para sí mismos, otros estaban simplemente sentados en la sillas tan feas que habían. Lo que él andaba buscando era un caso peculiar de enfermedad mental, y a poder ser, un poco extrema, pero todo lo que veía se le antojaba relativamente y desde el punto de vista cuerdo, normal. Lo cierto era, por cruel que pudiera parecer, que estaba decepcionado con el comportamiento tan normal de algunos de los crminales con falta de estabilidad mental más ilustres del continente... A medida que los minutos pasaban, la mirada curiosa del hombre se tornó aburrida, dejando entrever su decepción. La sala de estar era bastante grande, pero ya se la había mirado de pe a pa. Decidió irse y volver otro día, confiando encontrar algo mejor. Se dió la vuelta y echó a andar. Cuando llevaba unos segundos andando notó algo muy caliente clavado en su espalda, algo no material, algo que ardía. Se giró, y buscó, sabiendo de qué se podía tratar. Busco en un lado y en otro, volvió la cabeza hacia distintos distintos puntos de la sala, sin resultado, hasta que en un movimiento brusco de cabeza se cruzó con una mirada tan ardiente cómo la sensación anterior. Le miraba fijamente, y podía notar cómo la mirada le corroía las entrañas. Se tratab de un hombre mayor, de unos casi 50 años, de pelo negro muy canoso y ojos azules cómo el hielo. En su cara, tenía las arrugas de los ojos muy pronunciadas, y una sonrisa retorcida en el rostro. Se acercó hasta el rincón donde estaba aquél extraño, curioso a la par que temeroso del individuo. Estuvieron a un metro y seguían mirándose del mismo modo: uno asustado y el otro divertido. Poco después, el hombre decidió tomar asiento en frente del sujeto, y sacó una libreta y un boli, se acomodó la gabardina, y se colocó bien las gafas que cubrían sus ojos verdes oscuro.

- Hola, buenas tardes.

- Buenas... Tardes, doctor. Porque hoy es una bonita tarde, no cree? - dijo el hombre exhibiendo esos ojos tan frios con esa sonrisa tan malévola.

- Sin duda, se trata de un buen día... Un poco nublado, quizás.

- Una cosa no quita la otra, señor, a mi me parece una tarde bonita.

- ... Supongo. - dijo el doctor asombrado de la seguridad con la que hablaba su interlocutor y la cordura que transmitían sus palabras, que salían de una boca con una voz algo ronca, grave.

- Dígame, doctor, cuál es el propósito de su visita a un lugar como éste?


Carraspeó un poco y se decidió a contestarle:


- Vengo en busca de datos para una tésis doctoral. Sabe lo que es una tésis?

- Por favor, doctor... - Dijo el hombre fingiendo indignación- Por supuesto que sé lo que es una tésis.

- ...

- Dígame, dónde se graduó usted?

- En Harvard.

- Así que es usted de buena familia?

- Bueno, en mi casa jamás faltó el dinero.

- Un hombre afortunado, sin duda.


A medida que ambos hablaban, el doctor no sabía si sentirse enfermo al lado de la elocuéncia con la que hablaba el otro conversante o, de otro modo, extrañamente sano. El hecho de que aquél hombre con el que hablaba estuviera encerrado le daba a opinar dos argumentos totalmente opuestos, contradictórios, y sin razón: Por un lado, en aquella voz ronca, aquellos ojos, y aquella sonrisa veía un motivo aparente por el cuál aquél hombre estaba ahí... Sintiendo maldad a través de cada uno de sus gestos y palabras, acompañadas por una educación antinatural y decoradas por aquella sonrisa cruel pintada en los labios. Por otro lado, se sentía sumamente fascinado por el modo de argumentar de aquél individuo que se le reveló interesante para su trabajo, pero no podía negar que algo de miedo sentía hacia él... Tras momentos de cavilación, se atrevió, algo dudoso, a lanzar la pregunta que tantas ganas tenía de hacerle:

- Dígame, señor...

- Zaitsev.

- Señor Zaitsev. - Dijo repitiendo su nombre- Por qué motivo está usted aquí encerrado?

La pregunta causó en él una risa incontrolada, que hizo que hasta le saltaran las lágrimas de la risa. Una parte de la gente de la sala les miraba, curiosa. Alguno de los espectadores empezó a decir algo como que la cabra se había metido en el mecánico, o otro que empezó a gritar que el fútbol no era deporte para ratas... Otros simplemente gritaban aterrorizados. El doctor se sentía ciertamente incómodo, pero parecía que el señor Zaitsev estaba más que acostumbrado. El ruido fue cesando, y retomaron la conversa:

- Volviendo a lo que le decía antes, doctor... Estoy aquí por homicídio. Era asesino en serie, y solía matar niños. Por otro lado, soy esquizofrénico.


El doctor quedó petrificado ante la tranquilidad con la que lo había dicho aquél hombre. En el momento en que se lo dijo, perdió el pulso y hizo un tachón en la hoja en la que estaba tomando nota. Volvió la cabeza lentamente, y miró al hombre con unos ojos temerosos, detrás de los cristales de las gafas, que no podían ocultar su miedo. Zaitsev se mostraba frío y igual de sonriente.

- Tranquilo, estoy en rehabilitación. Estoy ''curado'' - Dijo intentando ocultar una risa cruel sin éxito.


Recobrando el sentido, el doctor aspiró aire, y lo soltó. Decidió volver a la carga.

-Cuantas vítimas, en total?

- 23

- Y lo de su esquizofrénia?

- Es un caso grave, o eso dicen los que me atienden. Por ese motivo, me medico. Ahora mismo soy inofensivo, el problema es cuando pierdo constáncia de mi yo para dejar salir al destripador que dió que hablar a la policía.

- ... Así que se trata de esquizofrénia, puesto que es consciente de sus cambios de personalidad.

- Sí, no es ningun trastorno bipolar, de lo contrário, yo no sabría que hay otro ''yo'' en mi.


El doctor iba tomando nota de todo, con calma. El rasgueo del boli contra el papel y el silencio profundo tras cada palabra de aquél asesino creaban una situación incómoda para él.

- Por cierto, doctor, no me ha dicho usted su nombre...

- Matt Stewart.

- Un placer, señor Mathew.

- Matt, por favor.

- Matt pues.


La mañana transcurrió lenta. Estuvieron hablando un buen rato, hasta que a las 15:00 se despidió de él para ir a comer algo. Sacó los apuntes mientras esperaba que su menú de comida basura ( comió en un Burger King) llegara. Fue repasando cada línea, recordando sin poder evitarlo la cara de aquél homicida chalado. Los gestos, el modo de hablar.... Le hacía sentir escalofríos, miedo... Pero de algún modo, se sentía obsesionado por todo el conjunto. Por la tarde, decidió volver al manicómio a hablar un poco con el sujeto. Caminó, haciendo todo el recorrido de nuevo hasta donde antes había encontrado a su mina de oro para la tésis. Lo encontró en el mismo sitio, pero lo notó muy distinto.

- Señor Zaitsev?

- Qué carajo quiere?

Le temblaban los brazos, y de tanto en tanto exhibía una sonrisa retorcida, cómo un tick nervioso.

- Disculpe? Había quedado con usted para hablar de nuevo...

- Tu madre es una zorra, y un día la voy a violar, sé que le gusta... - Dijo en medio de una risa aguda.

- Disculpe? Se encuentra usted bien?

- A tu hermana también me la voy a follar, yankee de mierda.


El doctor Stewart se levantó y fué a hablar con la enfermera de guardia, preguntándole por la medicación del señor Zaitsev. Ésta negó con la cabeza, diciendo que no le habían dado su correspondiente dósis a la hora determinada. Mientras la enfermera iba a por los medicamentos, el doctor se apresuró a la sala, temiendo lo peor. Seguía sentado ahí, iracundo, tembloroso, esquizofrénico perdido.


- Escuche, ahora mismo traerán su medicamento, tiene que relajarse...

- Tú no sabes nada... TÚ NO SABES NADA...


La mirada furiosa del aquél enfermo se le clavaba en los ojos, sintiendo una vez más cómo le corroía. El señor Zaitsev se levantó.

- Tengo que beber agua, me das agua, por favor?

- p-pero...

- No tienes agua? Quieres que le diga a mi amigo que te mate y que se cargue a tu familia?

- Joder, esto se me escapa... ENFERMERA!!

- Fíjate cómo grita éste apuesto doctor, Thomas, no te hace gracia el terror que transmite? A mi me resulta sencillamente sublime... Qué dices? Que no te cae bien...? Pues es una lástima, yo le tengo cierto cariño...

- Dónde está la puta medicación?!

- CÁLLATE HIJO DE PUTA! No ves que no escucho a mi amigo? Qué? Matarle? No digas bobadas, Thomas! Sí, en cambio, matar a Will sí que sería divertido...


El hombre de casi cincuenta años empezó a correr, extasiado, y riendo a carcajadas. Iba desarmado, pero la situación era realmente preocupante...

- No, no! SEÑOR ZAITSEV! SEÑOR ZAITSEV!


El doctor echó a correr detrás de él, pero fue muy tarde: Se había abalanzado sobre un hombre que iba en silla de ruedas, derribándolo de ésta. Le arrancó la túnica del pecho y empezó a arañarle y a morderle, gritando y riendo fuerte. El doctor se abalanzó sobre él, arrancándole de su víctima, que sangraba por la barriga. Rebotado, se volvió hacia el que lo había sacado de su éxtasis e intentó agredirle. Tenía la boca llena de sangre, y daba repulsión. Empezó a pegarle en la cara, rompiéndole las gafas. Llevaba ya unos segundos golpeándole en la cara cuando aparecieron la enfermera y dos guardias que lo redujeron mientras la enfermera lo sedaba. Aliviado de que se lo hubieran quitado de encima, se palpó la cara, notando hinchada una de las mejillas. Se quedó ahí un poco más, esperando a que el señor despertara. Estaba en la misma estancia que él, una habitación muy pequeña cerrada por una pierta firme de acero chapado y donde tan solo había una cama, esperando pacientemente... Hacia las 8, el señor Zaitsev se despertó, extrañado por las circunstáncias en las que se encontraba...


- Doctor Stewart? - Dijo con la voz temblorosa a causa del sedante que se le había administrado, que lo había dejado algo atontado.

- Buenas tardes, recuerda algo?

- Eh? Qué está usted diciendo?


Le explicó lo sucedido, y el paciente se disculpó. Mantuvieron una charla larga e interesante, en la cuál lo único incómodo era esa sonrisa cruel que se le dibujaba a veces en la cara. El miedo seguía presente en el doctor, pero cada vez menos. Quedó sumamente impresionado de lo peligrosa que puede ser una persona con trastornos esquizofrénicos, pudiendo ser a la vez tan educada y culta, y al mismo tiempo tan excéntrica y psicópata. El doctor Stewart pidió que se le quitara la camisa de fuerza, y así fue. Estuvieron un rato juntos, y, a la despedida, el señor Stewart ya no sentía más motivos para temerle, sabiendo que lo habían medicado. Justo cuando iba a salir por la puerta de hierro blanca, notó cómo unas manos se cerraban alrededor de su cuello y lo derribaban al suelo. Después, notó ls mismas manos rebuscando algo en los bolsillos, sacando un bolígrafo de estos. Sonriente, histérico y 100% feliz sumido en un nuevo éxtasis aún más profundo que el anterior, el señor Zaitsev empezó a apuñalarle una vez y otra con el bolígrafo, y aunque ya estaba agonizando y en breve iba a morir, seguía... Le quitó a ropa, lo tumbó en la cama, y le puso la misma camisa de fuerza que llevaba él hasta hacía unos minutos. Se golpeó un par de veces en la cara contra la pared hasta conseguir la hinchazón parecida a la de un puñetazo. Se vistió con la ropa, se puso sus gafas, y salió sonriendo, expresando esa risa tan cruel y fría. Abandonó la estancia, dejando a solas al doctor con sus últimos minutos de vida. Éste, pensó resignado en cómo de inteligente puede ser una persona enferma, habiéndole superado pese a estar totalmente sano de cualquier trastorno mental. La sangre se derramaba por debajo de la camisa de fuerza, dejando una marca roja en esta, mientras la cama se teñía lentamente de rojo, la misma cama que contenía un pobre ingénuo vencido por la buena voluntad...




P.D: Título de la entrada sacado de la canción de Metallica, Welcome Home ( Sanitarium)

domingo, septiembre 05, 2010

Ansias NO argumentadas.


Y es que cuando te fuerzas, no lo consigues, no hay modo... Te sientas en la silla, sintiendo que quieres escribir algo para llenar ese agujero llamado ansia, pero a la que le das a nueva entrada, las cosas cambian para muchos, sobretodo si eres uno de esos que les gusta improvisar. La página siempre será la misma, pero... Nosotros no. Una experiencia fugaz que nos de lo que nos falta para escribir un buen relato. Una sensación que haya sido breve pero intensa. Una frase bien argumentada que nos haya hecho reflexionar e inspirado algo... Mil millones de formas de inspiración ARGUMENTADA... La cosa es cuando te apetece escribir gratuitamente. Empiezas con un relato, y no lo acabas, no estando completamente satisfecho. Borras. Escribes otro. Vaya porquería. Miras al ordenador con indignación, sabiendo que éste no tiene la culpa. Las personas son inestables, tienen recuerdos que les vienen como un flash y desaparecen del mismo modo, tienen memoria selectiva, tienen SENTIMIENTOS. Un día uno se sienta ( desde mi punto de vista preferiblemente por la noche), y tal cuál se ha sentado a escribir, le ha dado a nueva entrada y las manos escriben solas. Un bonito paisaje marino acompañado por personajes turbados, con una trama que tiene gancho, una casa enorme dispuesta a ofrecernos temores inimaginables, un bosque misterioso poblado por seres no menos misteriosos... Histórias memorables, de esas que curiosamente gustan a uno mismo y a los que la leen, de esas que te dejan profundamente satisfecho y saciado, de esas que te lees día sí y día también pensando que podrías escribir así de bien siempre. Lo peor es recordar que hay noches que ese mecanismo curioso se activa y te da la tan perseguida inspiración para saciar la comunmente conocida, archienemiga, ansia de satisfacción. Nada más lejos de la realidad... Porque en el momento que uno piensa eso está pasando por alto la constáncia y el límite de la inspiración humana, muy limitada a momentos y desbordante en otros, siempre potenciada por los sentimientos, que pueden sentar como un auténtico éxtasis, un chute que te da un subidón, y si te preguntan por el bajón de luego contestas que te da lo mismo, total, te has quedado satisfecho y saciado... Como si de una droga real ( que yo diría que es incluso más real que las que existen) se tratara. Lo curioso es que cuanto más gratuitamente intentes escribir, más verás cómo se te escapa el tren, siendo tú un trabajador dormido que lo pierde con las maletas en la mano corriendo detrás de él, apretando con fuerza y furia el botón para abrir las malditas compuertas que te dan acceso a tu medio de transporte personal e intransferible que te lleva a un destino peculiar: La inspiración. Evidentemente, en ese tren en el que te preparas un buen argumento, no irás acompañado de cualquiera. Irás acompañado de quién TÚ quieras: Una chica muy guapa, un buen amigo, un agudo enemigo, una persona malvada sin razón de ser, un sentimiento que a través de la imaginación mientras vas en el trayecto a la inspiración te ha ayudado a aconseguir plasmar ese miedo o ese sentimiento hasta un punto insospechadamente real... Plasmar algo de ti, una carencia, una virtud... Un pequeño reflejo de ti, vamos... Porque de algún modo, está relacionado contigo... Una vez más, nada más lejos de la realidad, puesto que el trabajador pierde ese tren mientras pulsa el botón un 80% de las veces que lo intenta, llegando a la hora por los pelos a escribir algo decente, estando el pobre trabajador mal arreglado, cansado, echo polvo, habiendo cogido taxi en vez de ese bonito tren... Lo que se dice ''un apaño'', vamos. Todo sea, todo, todo, todo, por un momento de paz con uno mismo sabiendo que has escrito algo mínimamente decente. A algunos os parecerá curioso el relato, sintiéndoos identificados... Otros, pensarán que el mamarracho detrás de la pantalla se aburría mucho... Pero, sinceramente, lo más curioso de la situación es que cuando uno no encuentra la inspiración para escribir ese algo mínimamente decente y sin querer resignarse a coger ese taxi que dice claramente que has llegado tarde, y se nota. Qué hace uno cuando llega tarde y pasa de resignarse a coger ese taxi? Se resigna a despotricar contra la situación. En conclusión: Maldita INSPIRACIÓN!... Pero, entre nosotros, el caso del trabajador resignado a NO coger ni siquiera el taxi y que se dedica a despotricar contra su própio error, no es mi caso, verdad? ( cara intrigada por conocer la respuesta)

martes, agosto 31, 2010

Stuart Mill


Las latas de cerveza medio vacías abundaban encima de la mesa, junto a cestas de fruta, como si de una mezcla de bodegón y ''pop art'' se tratara ( las latas hacían de fiel modelo a la famosa lata de tomate Campbell). Y en el sofá, estaba el gordo, durmiendo tan plácidamente, con la tele encendida y los ganchitos desparramados por el suelo, caídos del recipiente que tuvo entremanos hasta que se durmió y las fuerzas le fallaron, dejando una bonita alfombra teñida de naranja por los ganchitos con sabor a queso. Como el ''buen hombre'' siempre se quedaba dormido a base de latazos de cerveza, ganchitos, y mirando la tele, ya tenía por costumbre llevarse el despertador... Pese a que eso no tenía mucho sentido, puesto que estaba en el paro desde hacía 4 meses por sustraer dinero de la caja a hurtadillas, así que lo de levantarse temprano no era que le pegara, precisamente. Por si eso no era suficientemente indecente, hay que añadir que se quedaba mirando la tele hasta las 3 de la madrugada, cuando echaban la ''programación infantil'' y esos anúncios donde salían chicas guapas con poca ropa anunciando páginas online de chateo constructivo. La rutina que vivía era sencillamente glamurosa, y eso aún es ir corto de palabras, ojalá el hombre tuviera un mote aún mejor para definir su plácida vida a base de ser un impresentable. Cómo cada mañana, el despertador le sonó a las 7:30 de la mañana, y, como cada mañana, la misma reacción: puñetazo para detener el despertador ( gastaba más en despertadores que en cerveza, imaginad). La reacción solía ir acompañada con palabras como ''me cago en la puta'' mientras se frotaba los ojos con el aliento cantando a cerveza. Se incorporó en su sofá azul y se puso las zapatillas, que tenían agujeros y se le veían algunos dedos del pie sobresaliendo. Para seguir el horario de cada día, una vez incorporado dió los buenos días a su esposa amablemente:

- Mónica, el desayuno!!

Se levantó y fue camindando con parsimónia hasta el baño. Se bajó la bragueta y sacó el pequeño bulto que tenía entre las piernas y empezó a orinar. Aún estaba dormido, así que parte de la faena fue a para fuera de donde tenía que ir. No quedaba papel higiénico ni para lavarse él ni para lavar el desastre, y le daba palo ir hasta el armario donde tenían el de repuesto, así que lavó los mojones con la toalla de las manos, tranquilamente. Se desplazó hasta la habitación matrimonial a buscar su reloj de pulsera. Su esposa aún dormía, así que la despertó:

- Joder Mónica, el desayuno!

Se puso el reloj y se fue con su esposa detrás. Él fué a la mesa del comedor, que se encontraba de lado a la ventana del pequeño piso, donde podía ver más pisos. Esperó impaciente a que su esposa le trajera el desayuno. Se sentaron juntos, y el hombre empezó a comer, masticando con la boca abierta las tostadas con mantequilla y mermelada y hablándole a su esposa, soltando perdigones como si de un volcán se tratara ( pero sin lava).


- Haj de llevar al niño a la ejcuela aún, no? Puej dejpiértale - Dijo con la boca llena, escupiéndole un trozo de mermelada de fresa a la cara a su esposa. Ésta se lo apartó, sin poner ninguna cara en especial.


Las horas iban pasando, y hacia las 11, cuando a su esposa le tocaba lavar la casa, bajaba a darse una vuelta por la avenida cercana a su casa, haciendo turismo cultural de bar en bar hasta la hora de comer, cómo cada día. Era miembro V.I.P de bares igual de asquerosos que la Taberna de Moe de los Simpson, más o menos, y frecuentaba por allí todas las mañanas y todas las tardes hasta la hora de cenar. Dieron las dos de la tarde y se despidió del tabernero para ir a comer a su casa:

- Venga Manolo, cabroncete, a ver si te cepillas a esa guarra!

- Claro tío, tú déjamelo a mí!


Con la misma parsimónia de cuando iba al baño, fué a casa, donde se lo encontró todo hecho, como cada día, sin que él hubiera tenido que mover un dedo. Su esposa y su hijo le esperaban para comer. Se sentó y empezaron todos a comer.

- Mira mamá, mira lo que me han dado en el cole por quedar primero en una carrera! - Dijo ilusionado el niño de 7 años

- Qué es esa basura, Tomás? - Replicó tan agradablemente su padre

- Una medalla - dijo el niño bajando la vista y sintiéndose oprimido por su padre, como cada vez que abría la boca...

- Anda, qué narices dices niño? - Dijo pegándole una colleja sin que la madre dijera nada.


El niño empezó a llorar en silencio mientras la comida se desarrollaba con el mismo silencio. En cuanto acabaron, a la esposa le tocó recoger la cocina y al marido la siesta en el mugriento sofá. Se levantó a eso de las seis de la tarde y se puso las zapatillas. Bajó al bar a hacer una cerveza con sus amigos mientras se echaban algunos futbolines y a ratos veían El diário de Patricia en la tele del bar. Se le pasó el tiempo volando hasta las 10, cuando se despidió de su mejor amigo, el tabernero, y se fue a su hogar. Cenaron y ordenó a la esposa que pusiera a dormir al niño una vez finalizada la cena. Se quedó solo en la sala con 4 laas de cerveza,unos frutos secos para picar, un despertador nuevo, las luces apagadas, y la tele. Y vuelta a empezar. Así los 365 días de cada año ( excepto cuando tenía esos trabajos que duraban un amén por ser demasiado buen empleado.)





Adivináis la moraleja?

Una pista: El nombre de la entrada y la imágen elegida

Para los que no se os ocurra nada tenéis la respuesta más abajo.





































































''Más vale una persona insatisfecha que un cerdo satisfecho'' Stuart Mill ( Filósofo utilitarista)

domingo, agosto 29, 2010

Éxtasis ( Buena vida volúmen II)


Que ilusa es la juventud. Que ilusos los mayores. Que ilusos todos. Que desesperanzadora es la vida, que nos mira por encima del hombro, burlona... Sí, así es como pensaba el descarriado jóven, mientras estaba fumándose un pitillo fuera de la fiesta de su amigo. Una fiesta genial: Un ambientazo, un montón de tías buenas hambrientas de cuerpo macizo y de cuero del bueno... Y mucho alcohol y mucha droga, o os ibais a creer que el ambiente tenía un envoltorio así de guay de gratis? Evidentemente que no, porque una fiesta sin alcohol o sin drogas, no es una fiesta para un atajo de descarriados que no tenían nada que hacer a parte de esnifar rica coca. Estaba sentado en la acerca de la calle, delante de la entrada del local que habían reservado... Iba viendo como a cada calada, el humo salía muy lentamente con su existencia pendiendo de su propia evanescencia. El humo lo envolvía, y le encantaba, le sumía en una atmósfera que lo llevaba a otra dimensión. Pasaba su lengua por los labios, notando el tacto frio de su piercing en el extremo izquierda de su labio inferior. Su pelo en punta engominado desafiaba las leyes físicas, sosteniéndose perfectamente derecho. Sus ojos castaños, y sus facciones bellas realzaban su propia belleza cuando se sumergía en aquella dimensión. Era un chico normal, tirando a bajito. Iba en camiseta de tirantes. Llevaba un collar, y tenía varios tatuajes en sus brazos. Llevaba unos tejanos largos, y un cinturón con alguna tachuela y unas cadenas que colgaban de ese pedazo de cuero y que sujetaban la cartera en su bolsillo. Oía las risas de las chicas, complacido, pensando en que alguna de las voces que sonaban, sonaba tan sexy, que era imposible que la chica poseedora de tan bonita voz fuera fea, todo lo contrário, seguro que se trataba de un bombonazo... Y eso lo tentaba a volver dentro. El ruido de la música, por otra parte, lo invitaba a meterse aún más en su otra dimensión y olvidarse de las chicas tetudas y buenorras que habían dentro, probablemente con las camisetas mojadas. Estaba en ese punto de ''estoy bien aquí pero aquello de allá también promete bastante... No tengo claro que hacer''. Notaba su paquete de tabaco de liar en su bolsillo izquierdo. Se cansó del cigarro y lo arrojó al suelo, dejándolo encendido. Preguntó a un par de personas que también estaban fuera si le invitaban a un porro, pero la suerte no le sonrió. Les puso mala cara, y se metió dentro, notando las miradas de las personas indignadas por la cara de asco que les había puesto en la nuca. La música lo invadió, las chicas lo cegaron, pero vió algo más tentador: La barra. Se acercó y se pidió una litrona de cerveza. Se quedó recostado en la barra y empezó a beber, notando como el bendito líquido creado a partir de cebada iba en descenso hasta su estómago refrescando su cuerpo, castigado por cosas mucho peores que cerveza. Echó en falta el pitillo que antes había tirado, así que en unos pocos minutos se lió otro cigarrillo. Solo tuvo que pedir la boquilla ( esto sí que se lo dieron, más faltaría). Cerveza en mano, cigarro en boca, y ahora tiro porque me toca. Estaba extasiado y en un trance feliz, sumido en la música y el humo de su cigarro, notando el tacto frío del vaso en su mano. Se sentía plenamente feliz. Ladeaba la cabeza y movía los pies al sonido de la música. El cuerpo se le iba. La cabeza olvidaba todos los males, los problemas, y la madre que los parió, y se sentía muy agradecido hacia esa sensación. No podía ir mejor, todo estaba genial, solo le faltaba uno de esos bomboncitos que meneaba su cuerpo en la sala, debajo de la típica bola de disco. Oyó voces en su trance y se sintió extrañado, pero no pasaba nada, seguía ladeando la cabeza y moviendo los pies... Se oyeron más voces, y cesó el barullo de las voces de la barra y las risas de las chicas guapas. Su trance temblava, como si hubiera un terremoto. Lo que le faltaba: La música se detuvo. De mala leche, abrió los ojos y dejó el vaso de cerveza en la barra y le dió una calada profunda a su pitillo y se giró, indignado, para ver que era lo que lo había sacado de tan plácido momento. Nadie hablaba, y había un corro de gente alrededor de un cuerpo en el suelo de colores donde había gente bailando antes......


- Joder, llamad una puta ambuláncia! A qué esperais idiotas!?

- Q-Qué pasa...? - Se dijo a si mismo el ya no tan extasiado chico, experimentando algo de miedo y curiosidad acerca de lo que sucedía.

- Va tú! Sí tú, el calvo de la barra! A qué esperas mamón? LLAMA JODER QUE LA VA A PALMAR!

El hombre de la barra lo miraba, con los ojos muy abiertos y sin acabarse de creer lo que pasaba.

- Tengo que ir y darte dos hostias? - Dijo, llorando a lágrima tendida- Que ha pillado una puta sobredósis, joder, que si no llamamos YA, esta tía mañana estará muerta!

El hombre de la barra seguía sin poder reaccionar. El chico, llorando, indignado y furioso, se levantó de al lado del cuerpo de la jóven y dejó su mano en el suelo, y fue gritándole al de la barra: ''TE VOY A PARTIR LA CARA''!!. Varias personas lo cogieron, pidiéndole que se calmara. Ahora el calvo de la barra reaccionó y llamó a la ambuláncia. El protagonista ya pasaba de su cigarrillo y estaba alucinando. Miró la escena, vió como evolucionaba hasta que llegó una ambuláncia en pocos minutos que le parecieron dos horas. Los señores del vehículo se la llevaron, y muchas personas fueron al hospital a ver que tal se desarrollaba la cosa, desconsolados. Él, en cambio, a la que se fue la ambuláncia, la gente se marchó, y clausuraron el local, que ya eran casi las 6 y los primeros rayos de luz ya empezaban a asomar a través de las majestuosas montañas, decidió marcharse a su casa. Se puso la capucha de su chaqueta tejana y echó a andar. En diez minutos estaba en el portal. Subió arriba, mientras hablaba por el teléfono con un amigo suyo, contándole lo sucedido:

- Si, joder, que pilló una puta sobredósis... Me cago en dios... No, qué va, cerraron el local. Ya te digo, hay que ser un puto inconsciente para pegarse un chute así de béstia. No tío, hoy no voy, estoy molido y me quedo a sobar en mi piso... Nahh, mañana. Jajaja, qué tío el Borja... En fin tío, te dejo que estoy que me caigo... Claro nen, venga, hasta mañana. Venga loco, cuídate....


El chico se dejó caer en el sofá, molido de cansancio. Por puro impulso, nada premeditado, extrajo una bolsa transparente en el agujero de su chaqueta que contenía un polvo blanco. Lo vertió todo sobre la mesa, y sacó el DNI. Empezó a partir el polvo a partes iguales. Sacó papel de fumar de su bolsillo y hizo un canuto. Esnifó el polvo blanco de un tirón, y llegó a meterse 3 de las 4 porciones de polvo blanco. Se quedó tieso, extasiado. Cuando se le pasaron los efectos iniciales se levantó y gritó:

- JODER SÍ! ESTO ES VIDA Y LO DEMÁS SON TONTERÍAS!! QUE LE DEN A LA ZORRA QUE NO SABES ESNIFAR!! - Y después de decir eso, cayó como un peso muerto en su sofá, demolido por el efecto de ''su propia medicina''. Durmió un buen rato y se despertó al cabo de unas 15 horas de haber dormido, sin recordar absolutamente nada de lo que había pasado la noche anterior ni cómo había llegado a casa. Pero eso a él, qué le importaba? Era feliz y se lo pasaba de puta madre tirando su vida por la borda.






P.D: Escribiendo este fragmento, me vino a la cabeza la película de Trainspotting, esa tan famosa en la que sale Ewan McGregor, y no pude evitar pensar que el diálogo introductório de la película ( gran diálogo, por cierto) cuadraría con el texto. A los que no hayais visto la película, os la recomiendo, es muy buena. Os dejo el texto introductório para que saquéis vuestras propias conclusiones:


''Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige hipoteca a interés fijo, elige piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos, un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte, elige tu futuro, elige la vida. Pero por que yo iba a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida, yo elegí otra cosa. Y las razones? No hay razones. Quién necesita razones cuando tienes heroína?''

Mark Renton ( Ewan Mcgregor) - Trainspotting